2012/09/07 – Las/12 – Cuando el feminismo deviene en teoría

“Una de las tareas que emprendieron las feministas en los ’70 fue la de revisar los saberes instituidos. El feminismo comienza a transformarse en una reflexión teórica y no sólo en un activismo”, subraya Diana Maffía, doctora en Filosofía, feminista, docente de Teoría del Conocimiento, consejera académica en el consejo de la magistratura –donde propuso generar un observatorio de género– y directora del Centro Cultural Tierra Violeta, donde también dicta clases y seminarios. Y despliega: “Entonces, cuando pensamos en el inicio de la segunda ola del feminismo, una tarea a emprender era recuperar –y la palabra recuperar también tiene este sentido de ir a bucear en la historia– aquello a lo que no se le dio valor. Revalorizarlo y armar un repertorio de figuras que estuvieron ocultas en la filosofía, la historia, la antropología, la psicología, la medicina, la matemática, etcétera.”

Desde tiempos remotos se repite esta cuestión de marginar a las mujeres, pero ¿qué ha dicho la filosofía en particular de la condición femenina?

Nos encontramos con un territorio minado, absolutamente tergiversado, sesgado. En la historia tradicional de la filosofía, no se nos reconoce como sujetos, hubo una visión de las mujeres como irracionales, incapaces de un conocimiento genuino, alguien que tenía una naturaleza que la hacía incapaz para la ética, una naturaleza que la expulsaba de la ciudadanía, unas condiciones enfermizas en su propia condición biológica y psicológica. Los varones se ponen como paradigma de lo humano y expulsan como alteridad –pero expulsan de la humanidad, no de la condición masculina– a las mujeres. Entonces ese doble aspecto de quedarse como embajadores de lo humano y desterrar a las mujeres de lo humano hace que desaparezcamos del mapa intelectual no solamente porque se nos ignora como sujetos sino porque somos puestas como objeto de su saber.

¿En qué contexto temporal y hasta cuándo se extiende?

–Esto pasa en la filosofía antigua con Platón y Aristóteles claramente, pasa en la filosofía medieval con Santo Tomás, pasa en la filosofía moderna con prácticamente todos los filósofos modernos. Por ejemplo Locke, en Dos tratados sobre el gobierno, dice que el conflicto entre los seres humanos se produce por la propiedad, y hay dos cosas que son las que más conflicto producen entre los seres humanos: la propiedad de la tierra y la propiedad de las mujeres. Es decir, las mujeres son puestas como parte de la posesión. Se crean instituciones en el Estado, como las universidades y las academias donde las mujeres tienen prohibido el ingreso, y la condición femenina se va a describir de una manera tal que es imposible que nosotras razonemos filosóficamente si no somos racionales por una deficiencia de nuestros cerebros.

¿Hubo una apropiación de ideas filosóficas y de ideas políticas?

–Sí. Marx toma muchas cosas de Flora Tristán; sin embargo de Flora Tristán no se acuerda nadie. De ella dicen que era la abuela de Paul Gauguin. Generalmente, cuando hay algún protagonismo es un protagonismo relacional y no individual. Cuando se comienza a aplicar la ley de cupo, a partir del año 1994, muchas mujeres hacían que sus proyectos los firmaran varones, para que fueran tomados en cuenta. Esto sigue pasando y no estamos en la prehistoria.

Durante muchos años, la educación de las mujeres eran los bordados, las puntillas y la conversación agradable. ¿Cuando ocurre la apropiación del saber por parte de las mujeres?

–Esa fue otra tarea. Decir me apropio del saber, y comienzo a construir mi propia visión con respecto a la filosofía. Y ésta es la etapa más interesante porque se pasa del aspecto crítico (que nunca se termina) a una producción creativa que es quizá lo más interesante que comienza a hacer el feminismo como teoría: producir teoría feminista. Y esto es algo que en el último cuarto del siglo XX tiene un impacto enorme sobre el conocimiento, sobre la filosofía…

¿Cuáles fueron los aportes del feminismo a partir de tomar el concepto de género para su teoría?

–El concepto de género es una apropiación que hace la teoría feminista. Era un concepto de la sexología de los años ’50 para explicar la relación entre lo natural y lo adquirido con relación a la sexualidad. El feminismo lo toma para mostrar de qué manera se construyen los géneros, de qué manera se construyen aquellas identidades sociales basadas en la diferencia sexual. Eso no solamente da una visión crítica sobre estas construcciones y la posibilidad de que si se construyen también se pueden deconstruir y construir de otras maneras, y entonces hacer políticas de género vinculadas con la producción de este tipo de subjetividades. Y prestar atención al modo en que cada uno percibe su subjetividad, autorizar la subjetividad. Sería imposible tener una ley de identidad de género como la que tenemos si no fuera por un cuarto de siglo de pensamiento feminista y luego de la teoría queer sosteniendo este tipo de autoridad perceptiva sobre la propia identidad, la propia sexualidad y la propia subjetividad.

¿Y con respecto a otro tema clave para la vida de las mujeres como el aborto?

–Claramente, el aborto tiene una serie de complejidades. Las cuestiones políticas vinculadas con el aborto, las relaciones de poder y la toma de decisiones. La cuestión legal, la cuestión ética, la cuestión bioética del aborto, cuestiones que tienen que ver con aspectos científicos o biológicos que se nos ponen por delante cuando no están todavía suficientemente fundados. Y si nosotras no tenemos acceso a esos saberes, pueden fundarse en esos saberes obligaciones sobre nosotras que en realidad no tienen un fundamento sólido. Pero para saber que no son sólidos tenemos que llegar críticamente, por ejemplo, a la embriología y al origen de la vida. Y revisar las cuestiones teológicas: ¿cuáles son las mujeres en la Biblia? ¿Qué lugar ocupan esas mujeres? No solo Eva y María que son los dos paradigmas de lo bueno y lo malo en relación con las mujeres, sino todas esas mujeres que aparecen en la Biblia, muchas de ellas con autoridad, muchas de ellas con un saber que es escuchado no solamente por los varones sino particularmente por Jesucristo. Encontrar esto para quien es creyente es encontrar algo muy fortificante, muy valioso. Ver cómo se producen esos saberes teológicos. No sólo el Papa o los obispos producen interpretación de los textos sagrados, o sea hacen teología. Todos podemos hacer teología. Hay una teología popular, hay una teología feminista, hay una teología con perspectiva queer, hay una teología latinoamericana, y empiezan a aparecer otros territorios de autoridad sobre la percepción. Todos estos saberes van a ser tomados por el feminismo de manera crítica y se va a producir una intervención muchísimo más compleja.

Nuestro Estado es un Estado laico, sin embargo…

–Es un Estado laico a medias, porque con la reforma de la Constitución se hizo un cambio my importante que es que ya no iba a haber una religión de Estado. Pero lo que negoció la Iglesia en ese momento fue que se iba a seguir sosteniendo el culto católico. Entonces se está sosteniendo económicamente un culto por sobre todos los demás. Y no es poco dinero. Es mucho dinero, incluso se deriva a la Iglesia dinero para que ejecuten políticas sociales que le corresponde ejecutar al Estado. La Iglesia le da a Cáritas muchísimo dinero, y la ejecución de ese tipo de políticas, por ejemplo alojar niños, alojar mujeres adolescentes, tener comedores, tener escuelas va a ser financiada por el Estado, pero van a ser ideológicamente manejadas desde un punto de vista religioso. Entonces es laico y no es laico porque no ha habido voluntad de un Estado laico porque la Iglesia tiene todavía un cierto poder.

La Iglesia en sus comienzos permitía el aborto.

–Es muy interesante porque la Iglesia tomaba las ideas platónicas y aristotélicas. El aborto estaba permitido porque se consideraba que el alma tenía una evolución y recién en el tercer mes de embarazo había alma racional, que es la típicamente humana. La Iglesia sostuvo esto hasta mediados del siglo XIX. Es muy reciente la posición de la Iglesia, según la cual la vida comienza en el momento de la concepción.

¿De qué modos incide la Iglesia en el Estado?

–La Iglesia fracasa en proponer como obligación, y con autoridad moral, las conductas que predica sobre cómo evitar el pecado. Fracasa porque hay divorcios, fracasa porque hay homosexualidad y fracasa porque hay abortos. Entonces trata de incidir en el Estado para que éste transforme en delito lo que la Iglesia considera pecado. No hay nadie –y esto creo que es una gran lección filosófica– que se pueda proponer desde su punto de vista como embajador de la humanidad. La humanidad debe ser representada pluralmente e intersubjetivamente. Entonces, ¿puedo genuinamente universalizar mi reflexión? ¿Tengo derecho a imponer esto como una universalidad? Claramente esta posición se resquebrajó con el posmodernismo, porque desaparece la condición de sujeto.

¿Qué dice el feminismo sobre esto?

–Las feministas hemos reflexionado sobre esto y hemos defendido la posibilidad de reivindicar la subjetividad, sobre todo la subjetividad femenina, diciendo bueno, ahora que nos toca poner un otro sujeto, que no es el sujeto, blanco, europeo, hegemónico, masculino resulta que no hay ningún sujeto. Sobre esto se han desplegado muchas expresiones feministas. Si tuviéramos que pensar qué tienen en común estas expresiones teóricas del feminismo es que tienen por delante una praxis emancipatoria de las mujeres, que son parte de una praxis política desde distintos puntos de vista y con distintas articulaciones en la vida política real. Sin embargo, podemos claramente hablar –yo creo que desde el último cuarto de siglo– de una filosofía feminista muy robusta, sólida y muy reflexiva y con las críticas más radicales que hay a las posturas hegemónicas.

¿Que otros supuestos discute la filosofía feminista?

–No naturalizar las condiciones sociales. Parte de la reproducción social es socializar a los hijos. Eso es decirles qué hace una niña, qué hace un varón, para qué estamos preparados, a qué lugares sociales vamos a apuntar, “vos tenés que ser exitoso”, “vos tenés que ser dócil”. El feminismo lo que va a hacer es criticar este rol de reproducción, porque el hecho de ser reproductoras biológicas no es la razón para que tengamos que asumir muchas otras formas de reproducción que son sociales. La reproducción de la socialización de los hijos, la reproducción de la fuerza de trabajo, que es una reproducción que se hace gratuitamente y que al no formar parte de la economía visible –sino a través de las tareas domésticas– nadie paga. Quien paga el salario para ese trabajador, no paga tu reproducción gratuita de la fuerza de trabajo, porque la modernidad, junto con el origen del Estado moderno y junto con el origen del capitalismo, construye un modelo de familia basado en un ideal de amor conyugal y de amor maternal que se expresa mediante la atención doméstica.

¿Qué plantea el feminismo para cambiar esta situación que está culturalmente naturalizada?

–Se comienza a pensar en la economía del cuidado. Ese Estado que se ha ido retirando fue reforzando las responsabilidades de las mujeres. Una persona va al hospital, pero como no hay camas lo mandan a la casa y ¿quién la cuida? Una mujer. El Estado se ha retirado de los aspectos de cuidados, no se considera responsable y en otros aspectos es sumamente deficiente. Si se revierte ese orden y se ordena la economía de un modo diferente, y se piensa la economía como la satisfacción de las necesidades de cuidado que todos los seres humanos tenemos, privilegiás los derechos económicos, sociales y culturales. Ponés el orden del Estado al servicio de una construcción de felicidad colectiva. Y esa contribución a repensar toda la vida social la hacemos las feministas.

Fuente: Suplemento Las/12, Página/12, viernes 7 de septiembre de 2012.

URL: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-7480-2012-09-07.html

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