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Antiderechos: la maternidad del lado de la naturaleza y no de la cultura

martes, mayo 22nd, 2018

Comparto con ustedes un fragmento de la nota publicada en Kaos en la Red, a partir de la entrevista en diálogo con Alfredo Grande en el programa Sueños Posibles por La Retaguardia

Argentina. “Los sectores antiderechos mantienen a la maternidad del lado de la naturaleza y no de la cultura”

Por La Retaguardia

“La legalización del aborto es un reclamo constante desde el feminismo y el movimiento de mujeres. Pensemos que los Encuentros Nacionales de Mujeres, que se hacen desde 1986 una vez por año, todos los años reclaman la legalización y la despenalización del aborto. Todos los años en la marcha. Desde hace ya unos diez años, con los pañuelos verdes, que fue una iniciativa de Católicas por el Derecho a Decidir cuando fue el Encuentro en Rosario (en 2003). Los llevaron como signo del reclamo y eso fue tomado luego por todo el movimiento de mujeres y hoy día incluso internacionalmente. El pañuelo verde de la Campaña por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito es un emblema de derechos humanos, sexuales y reproductivos. Creo que es una constante”, definió Maffía. “Lo que sí es deslumbrante es cómo de golpe florece ese reclamo y se transforma en una movilización social muchísimo más amplia. El debate legislativo es oportuno, necesario y es el lugar donde debe darse porque es el de la pluralidad política. En la Justicia o el Ejecutivo hay que tomar medidas en relación al aborto pero esas medidas no son frutos de la pluralidad de las opciones electorales que tiene la población. Pero se está debatiendo en todas partes. Donde vayas: en las universidades, en los negocios, en los café, en la calle. En todas partes. Se está discutiendo socialmente en las casas. Las familias, generaciones enteras, chicas que descubren que sus abuelas ya luchaban por el derecho al aborto. Ocurren cierto tipo de cosas que generan una genealogía, una historia de este reclamo, muy valiosa. Atraviesa todas las clases sociales, han querido demostrar que este era un reclamo de clase media y llevar personas en una utilización siniestra”, denunció sobre los argumentos contra la legalización. “Personas de una villa para que reclamen por el derecho a la vida, cuando en realidad hay muchas maneras de reclamarlo, no hay que renunciar por supuesto a ese reclamo. Es un reclamo vital y no es este el país en el que ese derecho ha sido vulnerado sistemáticamente en nombre del derecho a la propiedad, así que claro que es un derecho importante”, consideró.

“El tema son los conflictos de derechos: qué vidas cuentan y hay un movimiento antiderechos que pasea un feto sin útero. Cuando hablamos de aborto estamos hablando de un feto que no tiene sobrevida fuera del útero, si no es una inducción al parto”, puntualizó. “Nos referimos al primer trimestre, es lo que se pide dentro de la ley, y se pasea un feto con un cordón umbilical que no lleva a ninguna parte, desenchufado, sin útero. Es decir, las mujeres no somos registradas como sujetos de derechos. La idea de una vida es la idea de algo que progresa solo, sin que nosotras seamos responsables de esa vida, tengamos alguna incidencia en la continuidad o no de ese embarazo o nuestras vidas se vean o no afectadas por él. Creo que hay mucha verdad en el ambiente, para quien quiera leer el mensaje de lo que está ocurriendo es muy significativo”.

Maternidad y deseo

“Los sectores antiderechos mantienen a la maternidad del lado de la naturaleza y no de la cultura. Hay que pensarlo como un debate que atraviesa a una enorme diversidad de mujeres. Los antiderechos son casi todos varones de la UCA y la Universidad Austral; es decir, dos usinas masculinizadas de imposición sobre el resto de la sociedad de sus condiciones dogmáticas. También las feministas hacemos patriarcados sustentables cuando nos conformamos con una cierta comodidad, un estándar mínimo que no cambia radicalmente las cosas”, advirtió.

(…)

“Lo personal es político”, entrevista en Diario Femenino

viernes, mayo 4th, 2018

Comparto con ustedes esta entrevista publicada en Diario Femenino el pasado 30 de abril.

“Lo personal es político”, una entrevista a Diana Maffía

Diana Maffía, filósofa feminista, directora del posgrado de Género y Derecho de la Facultad de Derecho de la UBA y directora del Observatorio de Género en la Justicia disertó en la Cámara de Diputados de la Provincia de La Pampa acerca del slogan, “Lo personal es político”, junto a Silvina Molina.

Durante su paso por La Pampa, Maffía dialogó con Lisandro Moreno y Laura Mercado en el programa “Despertando a la Trama”, que se emite por Radio La Tosca, sobre la charla pública “Lo Personal es Político: Sexo, Género y Feminismo”.

Lo personal es político

Este slogan tuvo su aparición en el feminismo a fines de los años 60 y durante los 70. Maffía explicó que esto apuntaba a “modificar la visión desde el feminismo sobre las cuestiones que significaban violaciones de derechos hacia las mujeres. Pensarlas como cuestiones colectivas, como experiencias colectivas y tratar de sacar de eso una conclusión acerca de las responsabilidades del Estado en, por ejemplo, garantizar a las mujeres una vida libre de violencia”.

Sin embargo, a pesar del paso de los años, es importante pensarlo en la actualidad debido a que “esas experiencias que aparecen como individuales, como interpersonales, íntimas, están atravesadas por situaciones de poder, de jerarquías y de estructuras sociales que hacen que las mujeres seamos más vulnerables y nuestros derechos sean más fácilmente olvidados. No hay más que ver cuánto tardamos, casi un siglo, en discutir la despenalización del aborto”.

En la actualidad, Maffía reconoció que hubo muchos avances en la conciencia colectiva. Esto no ha ocurrido solo en las mujeres, sino que para la filosofa feminista también en lo que significa “la responsabilidad frente a los derechos humanos de toda la sociedad, no solamente de aquellos que van a ser afectados en sus derechos”. A su vez, destacó el cambio generacional y sus impactos al afirmar que “las mujeres jóvenes tienen un activismo y un modo de participación realmente muy sorprendente de la utilización performativa de los cuerpos, de pensar el espacio público como un espacio de manifestación”.

Por otra parte, no fue ajeno a su reflexión el rol que juegan los medios de comunicación. El feminismo se instala a pasos agigantados en diversos programas muy populares y para Maffía esto resulta positivo debido a que todo espacio en donde haya posibilidades de debatir ideas debe considerarse valioso.

Sin embargo, alertó acerca de algunos riesgos y manifestó que “hay, a veces, una tentación siempre en los medios de comunicación de presentar siempre la pantalla partida, ¿no?. Buscar a alguien a favor y a alguien en contra y presentar simplemente esas dos versiones como versiones cerradas y no favorecer un diálogo crítico, constructivo, acuerdos, consensos… Eso lleva tiempo. Yo he sido legisladora y lograr esos consensos siempre exige una negociación y un trabajo de todas las partes. Entonces si arrancamos con este tipo de versión tan dualista y tan antagónica, los caminos son más difíciles”.

De todas maneras, Maffía consideró interesante la idea de presentar en los medios de comunicación “esta construcción de diálogo no violenta, de consensos, de presentar argumentos que fundamenten las acciones colectivas… Bueno, de a poco estas cosas se van logrando. Igual creo que el debate en los medios es fundamental. Es para mucha gente el modo de acceder a contenidos y a personas que si no quizás no podrían escuchar”.

Otro debate interesante surgió luego de que actrices expresaran “yo no soy feminista, tengo hijos varones”. Ante esto, Maffía expresó que “parte del problema es el prejuicio con las palabras. El estigma. Como además el feminismo es muy diverso, hay muchas manifestaciones y expresiones, incluso propuestas políticas distintas desde muchos feminismos. Hay feminismos más ligados a rescatar roles tradicionales femeninos, otros feminismos que van a discutir incluso las dicotomías de los cuerpos, hay un abanico de feminismos muy diversos. Me parece que una posición respetuosa empieza por definir qué es el feminismo. De manera de no generar ese prejuicio o no pensar como se suele pensar que son posiciones hostiles con los varones, o que quienes somos feministas somos quienes no tenemos pareja o no tenemos hijos, porque la verdad es que eso es falso, sencillamente”.

Género/Géneros

“Lo Personal es Político: Sexo, Género y Feminismo” es el título seleccionado por Diana Maffía y Silvina Molina para poner en debate las palabras. Una de ella es “Género”. “En realidad, la palabra debería ser mencionada en plural por supuesto. La palabra está tomada de un artículo que vamos a comentar en la reunión que tenía que ver con la palabra género en singular y cómo eso afectaba al sujeto del feminismo. ¿El sujeto del feminismo son sólo las mujeres? ¿Qué mujeres? ¿Quiénes se autodefinen como mujeres? ¿Las mujeres biológicas? ¿Las mujeres cis? Las mujeres trans, ¿se incluyen dentro del feminismo? ¿El feminismo puede ser llevado adelante como objetivo político por varones? ¿Pueden los varones ir a las marchas? Todas estas preguntas han quedado flotando en estos últimos dos o tres años, y lo que pensamos con Silvina fue precisamente abordar esto que es un tema de conflicto dentro del feminismo. Hay dos o tres temas que son de conflicto, y éste es uno”, expresó la filosofa.

Con respecto a la construcción de nuevas masculinidades, Maffía destacó que “eso se está haciendo sobre todo por parte de varones jóvenes. La idea de ideales de masculinidad con los que ellos mismos no se sienten representados y, digamos, virtudes masculinas con las que no se quieren ver asociados. Pretendidas virtudes que tienen que ver con el poder del más fuerte, con la competencia, con el individualismo, con la violencia muchas veces como factor de resolución de conflictos, con la relación jerárquica con las mujeres. Bueno, hay muchos varones que no se sienten identificados con este tipo de estereotipos y discuten entonces de qué manera se construyen las masculinidades, cuál es la educación emocional que los varones tienen y qué implica eso en relación con, por ejemplo, el consumo de prostitución o la violencia hacia las mujeres”.

En ese sentido, resaltó que se trata de un trabajo que el feminismo colaboró con generar porque, así como las mujeres tuvieron esa etapa de grupos de concienciación donde lo personal se exponía públicamente para discutirlo, los varones tienen que hacer lo mismo. De todas maneras, para Maffía esto tienen que hacerlo los varones entre ellos. “Corresponde que sean los varones los que hablen de si van a renunciar o no a sus privilegios. Porque la masculinidad tiene privilegios también. Y esos privilegios construyen relaciones de poder. Y hay muchos varones, sobre todo en los partidos políticos, que se quieren sacar una foto con un cartelito, con un hashtag que diga ‘ni una menos’ pero no cederían su lugar en la lista si tiene que entrar una mujer por la paridad. Vamos a ver en los próximos meses cuando tengan que armarse las listas si esto se debate. Entonces, pueden ser solidarios, progresistas, pero las cuestiones de poder se dirimen entre varones. Y eso es resto de un modo jerárquico de las relaciones de género que cuesta mucho deconstruir”, concluyó.

Que hay detras de la pollerita demasiado corta?

jueves, marzo 22nd, 2018
Comparto con ustedes esta nota de Paula Giménez sobre feminismo y violencia de género publicada en el diario La Nación.

Qué hay detrás de “tenía la pollerita demasiado corta”

 
21 de marzo de 2018 

Mariela tenía 17 años cuando seis varones la drogaron en una fiesta y abusaron de ella. Mariela ahora tiene 24 y sigue igual de angustiada por lo que pasó. Hay noches en las que no puede dormir porque se acuerda de todo. Hay ratos en el día en los que se nubla y tiene que frenar lo que está haciendo para poder resolverlo en su cabeza y seguir. No llora, no expresa su dolor, simplemente existe en esa oscuridad.

“¿Y por qué no denunció antes?”. En su momento Mariela quiso contárselo a sus amigas pero tuvo mala suerte, ellas no le creyeron, entonces recurrió a su terapeuta y también le contó. Mala suerte otra vez: le echó la culpa: “No deberías haber tomado esa cerveza”, le dijo. Después de esos intentos, Mariela decidió no hablar nunca más del tema. Eligió resolverlo así, negándolo. Estuvo seis años callada, pasándola mal, frisando su vida social, teniendo ataques de tristeza y de angustia aleatorios, intentando rearmar su vida y su sexualidad. Mariela anduvo perdida hasta que se dio cuenta de algo: la culpa no era de ella.

Yo la conocí porque me contactó hace algunos meses y cuando me contó su historia me di cuenta de que lo que le había pasado no había sido por “mala suerte”, sino que hay una sociedad que aún hoy, ante todo, culpabiliza a las víctimas. Pero, ¿por qué? ¿Qué gira en el aire que a las cuatro personas que le consultó Mariela, las cuatro la hicieron responsable de una violación grupal?

La violencia de la excusa

Cuando propuse la nota charlamos con la editora porque, la realidad, es que es un tema muy ABC. El feminismo repite (a veces no tan) incansablemente que esta sociedad le enseña a las chicas a cuidarse pero no a los hombres a no violentarnos, pero aún así el discurso de la pollerita corta está presente en cada situación de acoso o abuso, ya sea en forma de terapeuta irresponsable y peligrosa, como título en un diario o como comentario debajo de una nota.

Para entender por qué continúa vigente ese mito de las mujeres culpables de los tipos violentos, no hay mejor persona que la filósofa y feminista Diana Maffia, a la cual consulté por este tema para que intentemos explicar de manera desenredada y clara por qué pensar cómo iba vestida en una situación de abuso, es violencia.

"No más silencio", decía un cartel en una de las marchas contra Trump en Nueva York
“No más silencio”, decía un cartel en una de las marchas contra Trump en Nueva York Crédito: Shutterstock

“El estereotipo de la sexualidad masculina es que es irrefrenable, que no es selectiva. Por eso los varones se verán compelidos a no dejar pasar ninguna oportunidad y serán burlados por los demás varones si lo hacen”, sostiene Diana. Es que es cierto, a los hombres se los cría bajo esa premisa, ellos no “pueden” (ni deben) controlarse, la mujer, misteriosa y engatusadora, los hechiza y ellos caen en la tentación de nuestra red de seducción. Aunque no los estemos seduciendo. Aunque no siquiera sepamos que existen.

“Las mujeres son divididas entre las que son de un varón (en sentido patrimonial de propiedad, ´su´ mujer) y las que pertenecen al colectivo de todos los varones (los cuerpos apropiables, a cambio de dinero o por la fuerza, cualquier varón puede hacer con esa mujer lo que quiera). Para que eso no ocurra, la mujer debe dar un claro signo de ´recato´, de no disponibilidad, en la vestimenta, en los lugares que frecuenta, en los horarios, etc”, dice Maffia.

Por otro lado, la abogada feminista Cinthia Amedei sostiene que antes era más fácil no creerle a la mujer, “es que siempre fuimos caracterizadas como seres irracionales, naturalmente seductoras e indecisas, incapaces de tomar una decisión. Todas características que le fueron atribuidas arbitrariamente. En los abusos sufridos se juega el ideal de la mujer pública y privada y los estereotipos que rondan a la mujer en lo particular; si estás en una fiesta vestida provocativa, sos pública, vos te lo buscaste, que hacías tan tarde y sola (no importa si eran 20 amigas, estás sola si no te acompaña un hombre)”.

¿Cuánto debe medir el escote? ¿Cuál es la ropa apropiada para salir a la calle siendo mujer? ¿Existe una moral patriarcal para estos conflictos? Para el periodista y activista Lucas Fauno Gutiérrez, sí. “No se agrede porque hay una pollera. Se abusa y acosa porque hay un agresor que se siente contenido por un sistema machista que lo cubre. Responsabilizar a la víctima es lo que resguarda esa ´moral´ que construye el patriarcado y protege a los agresores”.

Los dueños de la vía pública

“¿Se acuerdan cuando éramos chicas que si venía un pibe a sacarnos a bailar en vez de decirle que no queríamos le decíamos que teníamos novio para que no insista porque ya de chiquitas sabíamos que iban a respetar más a un varón inexistente que a nuestro propio deseo?”, dice un tuit de Clara, una amiga. Dicha pregunta escaló a niveles altísimos y ya tiene más de 40 mil me gusta. ¿Por qué será? Y sí, por empatía. Porque todas hicimos eso, todas fingimos “tener dueño” para que nos dejen en paz porque nuestra negativa no le era suficiente a ningún hombre.

“Si la mujer se arriesga en un ámbito público, si usa una vestimenta considerada ´provocativa´ (porque rompe la regla del recato obligatorio), si está en un espacio de diversión sin ningún varón que sea su ´dueño´, si habla con un varón que no es su propietario, todos estos signos serán leídos como disponibilidad para la depredación”, responde Diana y agrega: “Los varones no deben trabajar en controlar su sexualidad, como tampoco controlan la reproducción. Somos las mujeres las responsables de ambas cosas, o seremos criminalizadas”.

De 1999 hasta hoy pasaron sólo 19 años. Hasta ese momento, la figura de violación en el código penal sólo valía si se trataba de una “mujer honesta”. O sea, si era prostituta no podía ser violada porque su voluntad e integridad no importaba.

“Ahí se ve claramente la dicotomía entre mujer pública y privada, la mujer que merece respeto y a la que no, la mujer como objeto sexual y reproductivo. Se crea una disociación entre ambas facetas, que lo único que conlleva es el cuestionamiento a la mujer pero nunca al hombre que, por ejemplo, consume prostitución. Ellos sí gozan de una doble moral que las mujeres no, porque el sistema las puso en una posición de inferioridad donde no pueden decidir pero si ser objeto de decisión”, sostiene Amedei.

Si bien estas posturas suenan y parecen vetustas, mientras escribía la nota que leen, un famoso diseñador de moda tiró al aire “cuiden a sus hijas, después si caminan a las tres de la mañana solas por la calle y vuelven todas violadas no se quejen”. Frase que marca de manera clara cómo los hombres son aún dueños de la vía pública. Es el lugar en donde demuestran y perpetúan su poder.

Estos discursos perversos de culpar a quien fue abusada tienen, además, un lado muy oscuro y funcional a este sistema y se ocupan muy bien de que las víctimas no acusen ni denuncien por miedo a ser señaladas. Gutiérrez sostiene que “esa moral machista les sirve mucho porque lo que hace es que ni siquiera puedas enunciar lo sucedido porque tenés la cabeza tan quemada por esta moral impuesta y naturalizada que te impide poder hacerlo”.

Un estudio hecho por el Instituto de Género y Promoción de la Igualdad por encargo de la Defensoría del Pueblo de Córdoba asegura que más del 50 por ciento de 400 hombres mayores de edad, considera que la manera de vestir de las mujeres es uno de los factores que motiva el acoso que sufrimos a diario en la vía pública.

Por otro lado, pero sumando al mismo argumento, el especialista en género y médico psiquiatra Enrique Stola, sostiene que “los hombres han organizado el espacio público. Siempre dictaron el cómo y el cuando las mujeres debían transitar. La lucha de las feministas obligó a cambios, con gran mejoría para todas y esperables reacomodamientos en el ejercicio de la dominación para ellos. En el imaginario social todavía subsisten los modos en que las mujeres deben circular y muchísimos varones, diariamente y a través de los medios de comunicación, tratan de recordárselos, sosteniendo así la misoginia y la dominación masculina tras la máscara del cuidado de los cuerpos femeninos”.

Así como asegura Gutierrez, Stola refuerza la idea de “moral patriarcal” y propiedad: “Ellos suponen que toda mujer acompañada por un hombre ´tiene macho´ y debe ser respetada pues ya es propiedad privada. En cambio, la que va sola o en grupo de mujeres ´seguro está buscando levantar macho´ y es pasible de ser apropiada, sobre todo si evalúan que es una mujer libre y que no cumple con las pautas morales que ellos imponen en su estrecha mirada. Cuando una mujer es violada por un hombre o grupo de ellos, rápidamente se analiza la vida de ella, su participación en redes sociales y el cumplimiento de las normas que los machos ´buenos´ sostienen como efectivas para evitar la agresión de los machos ´malos´”.

El “no” es universal

En 2009 Naciones Unidas organizó una campaña internacional protagonizada por Nicole Kidman y dio la vuelta al mundo. Casi diez años después el “no es no” vuelve a estar presente en las masivas marchas y en las redes sociales, aunque con una forma más contundente y otro significado. La campaña de Nicole nos contaba que “no” lo podemos decir en cualquier idioma, que no importa en qué país estés o seas, una violación es una violación. Hoy, el concepto cambió. Hoy el “no es no” también habla de estar en la cama con alguien y cambiar de idea, de no querer chapar con alguien en el boliche y que no te molesten, ni bailar, ni hablar, poder decirlo y que sea respetado.

El “no es no” habla de imponer nuestro derecho a decidir, a asegurarnos a nosotras y al mundo que nuestro cuerpo es, así como suena, nuestro. Que el propio deseo es, así como se lee: propio, y que nadie puede arrebatarnos dicha autonomía, vistamos como nos vistamos.

Si bien el foco en la víctima ya es un argumento fácil de rebatir, aún queda mucho por hacer. Desde este tipo de notas en medios masivos hasta muestras de arte dedicadas al tema. “What Were You Wearing?” (“¿Qué llevabas puesto?”) es una exposición que se realizó en la Universidad de Kansas y pretendió concienciar por qué es incorrecto que una mujer tenga más o menos posibilidades de ser violada según la ropa que lleve puesta. La exposición estaba compuesta por 18 historias reales de 18 mujeres que habían sido abusadas.

“Gracias al feminismo, se ha logrado deconstruir ciertas posturas e ideales que afectan a la sociedad. Cada vez más somos las mujeres que no callamos, que nos imponemos y que luchamos contra la violencia en todas sus formas, cuestionando la naturalización de la violencia sexista existente y concientizando a la sociedad”, indica esperanzada Cintia Amadei.

“El cumplimiento de la Educación Sexual Integral es uno de los instrumentos para producir cambios. Las niñas y niños tendrían mayor conciencia acerca de sus cuerpos y de lo que es una conducta respetuosa en una sociedad democrática. Enseñar que los hombres no somos los dueños de los cuerpos de mujeres y colectivo LGTBIQ es una decisión política que hasta el momento casi ningún gobierno en el mundo decidió concretar”, agrega Stola que también le sugiere a los hombres estudiar sobre género y feminismo para no cometer más errores, tanto en este tipo de discursos como en esperar que las mujeres, les “enseñen” sobre cómo deben comportarse.

Me acuerdo que cuando tenía 15 o 16 años, me encontré muchísimas veces en situaciones en las cuales no quería estar pero por haber dicho que sí al principio me la tenía que bancar. De no poder irme de la casa de un chico si ya había entrado, de no poder decirle que no quería tener relaciones sexuales si ya le había dado un beso. Durante la última y multitudinaria marcha del 8M, vi a cientos de adolescentes que en en su cuerpo tenían escrita la frase “No es no”. Menos mal. Hoy esas chicas la tienen más clara. Hoy esas chicas son más libres.

Línea 137 de Atención a las víctimas de violencia familiar y sexual atiende las 24 horas los 365 días del año en CABA.