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Paridad

Entrevista Infobae: Varones y personas trans también pueden ser feministas

Comparto con ustedes esta entrevista recientemente publicada en Infobae.

Diana Maffía: “Varones y personas trans también pueden ser feministas”

La doctora en Filosofía y Directora del Observatorio de Género en la Justicia, reflexionó en Infobae sobre la condición de ser feminista y sobre la sororidad, el concepto que busca barrer con la opresión de género

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“Yo no soy feminista”, dijo Araceli González hace unas pocas semanas, alertada porque alguien del panel del programa de televisión en el que estaba hablando la había asociado a esa condición. Aunque luego su intento de desmarcarse del mote de “feminista” fue desafortunado en la materia (“Las respeto muchísimo, pero tengo un hijo varón precioso y un marido hermoso y respeto mucho a los hombres también”, destacó de inmediato), lo cierto es que aquella primera frase, su defensa ante un supuesto insulto, sirvió para que en las redes sociales, por ejemplo, fuera defenestrada y respaldada por doquier. Y también, por fortuna, para que se continúe pensando, debatiendo y defendiendo el feminismo.

No todas las mujeres son feministas; no es una cuestión hormonal sino política. Por lo tanto, ni todas las mujeres son feministas, ni solo las mujeres son feministas. Varones, personas trans también pueden ser feministas”, asegura la especialista Diana Maffía, directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. Para ella, en la defensa que ciertas mujeres hacen de la desigualdad de género propia del sistema patriarcal imperante, se esconde la verdadera tragedia: “Que nosotras en nuestra vida cotidiana reproduzcamos las condiciones de desigualdad en lugar de producir condiciones o ser solidarias con la producción de condiciones más igualitarias, es trágico”.

Porque para Maffía -doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, docente de la UBA, autora de numerosas publicaciones e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la UBA- la clave del cambio reside allí, en esa solidaridad necesaria, imprescindible, para que el patriarcado comience a crujir desde sus mismas bases. Esa solidaridad tiene un nombre que juega con sus mismas letras: Sororidad. “Es un pacto con las otras, implica ver a las otras como sujetos de cuidado, orientarnos éticamente hacia protegernos unas a otras”, dice Maffía, y agrega: “Desde allí, podemos pensar una pluralidad solidaria que pueda consolidarnos como un sujeto político.”

-¿Qué significa la “Sororidad”? ¿Cómo nace el término y cuáles son sus alcances?

“Sororidad” es una modificación sobre el lenguaje, que viene a cambiar una palabra tradicional en la filosofía política: “Fraternidad”. Esta a su vez tiene su raíz en latín, se refería a la igualdad de los “frates”, de los hermanos varones. Desde ya, no incluía a las mujeres. Cuando la “Fraternidad” se transforma en un principio de la Revolución Francesa, en el origen del estado moderno, expulsaba a las mujeres. Las mujeres no estábamos incluidas en el Contrato Social. Entonces, desde el feminismo se piensa cómo sería una solidaridad que no fuera de “frates”. La contraparte de la palabra “frates” es “sores” (Sor, hermana mujer) ¿Cómo sería una “Sororidad”, una hermandad de mujeres? Y allí aparece este concepto, muy interesante desde el punto de vista práctico porque implica un pacto con las otras, implica ver a las otras como sujetos de cuidado, orientarnos éticamente hacia la protección de unas a otras, formando esa hermandad de mujeres. Incluirnos nosotras en un colectivo que el “nosotros” de la política, o el “todos” de la política, no incluía. “Sororidad”: pensar en nosotras una pluralidad solidaria que pueda consolidarse como un sujeto político.

-¿Todas las mujeres somos feministas?

Desafortunadamente no. Porque no es una cuestión hormonal el feminismo, es una cuestión política. El feminismo, creo yo, es una combinación de tres convicciones. Una, descriptiva: constatar que en todas las sociedades las mujeres estamos peor que los varones. El análisis de cualquier indicador social (trabajo, salud, educación etc.) arroja sistemáticamente esto: las mujeres todavía estamos en condiciones de desigualdad. La segunda es considerar que está mal que sea así. Y en tercer lugar, algo que creo yo que es lo que finalmente define el feminismo: hacer lo posible, como un compromiso práctico en nuestra vida cotidiana, para no reproducir esa desigualdad, y si es posible, para revertirla. Si alguien cree que las mujeres estamos peor, cree que eso es injusto, y está dispuesto a no reproducir esa injusticia en su vida cotidiana, y si es posible revertirla, yo diría que es feminista. Y esto no tiene que ver con los cuerpos sexuados, tiene que ver con las convicciones políticas de las personas. Entonces, a la pregunta de si todas las mujeres son feministas, yo diría que lamentablemente no. Y el “lamentablemente” tiene que ver con que las mujeres reproducimos las propias condiciones de desigualdad, y eso es trágico. Que nosotras en nuestra vida cotidiana reproduzcamos las condiciones de desigualdad en lugar de producir condiciones, o ser solidarias con la producción de condiciones más igualitarias.

-Desde hace unas semanas circulan declaraciones en distintos medios de comunicación de algunas mujeres que dicen “Yo no soy feminista”, o que de distintas maneras expresan o reflejan lo impregnado que aún tenemos la cultura patriarcal. ¿Cómo hacemos para no excluir a aquellas mujeres sino traerlas, incluirlas?

Lo primero que debemos tener en claro es que el patriarcado, como sistema de poder, no se maneja solamente con castigos. Es decir, hay un efecto del patriarcado que es la violencia patriarcal o violencia machista. Ahora, el patriarcado también se maneja con premios. ¿Qué nos da el patriarcado como premio, para que admitamos el lugar en que nos ha puesto, el lugar de lo privado, el lugar de lo doméstico, el ser objeto de deseo de los varones y satisfacer ese deseo? Nos dice que hay roles maravillosos para las mujeres: ser madre, ser esposa, realizarte en lo íntimo o excepcionalmente algunas mujeres en lo público, que han logrado tener un gran desarrollo pero sin impactar en las relaciones de poder real asumido por los varones. Esas mujeres suelen ser tomadas como ejemplo por el patriarcado y son premiadas, siempre y cuando no generen conflictos en el sistema patriarcal.
Por ejemplo, yo hice una vez un estudio sobre mujeres científicas. Muchas de ellas que ya estaban en lugares destacados, eran investigadoras superiores del Conicet, el máximo lugar posible: el 75% eran solteras. Es decir, su carrera había sido desarrollada con mucho esfuerzo personal, pero decían que su costo había sido que no le habían podido dedicar tiempo a construir una familia, una pareja, tener hijos. Eso habría distraído la construcción de ese éxito. Es una situación compleja, que me parece que explica por qué muchas mujeres no van a decir “Soy feminista”: porque creen que hay hacer un esfuerzo individual, y que ese esfuerzo puede ser premiado, y que el ejemplo son ellas mismas. Creo entonces que la aspiración del feminismo debe ser representarnos a todas las mujeres, pero ese “todas” no puede ser abstracto y uniforme. Las mujeres expresamos aspiraciones muy diversas. Y tendríamos que tener permanentemente un diálogo sin descalificar a la otra persona. Un diálogo crítico, sin que esto signifique expulsar a alguien de un colectivo que se está construyendo.

-¿Cómo entendés vos esta, si se quiere, novedad de que se esté hablando de feminismo en programas muy populares de la televisión?

Yo estoy a favor de que las personas que somos feministas vayamos a hablar de feminismo a todos los lugares que podamos. Porque hay prejuicios contra el feminismo. Por ejemplo, que por ser feminista estamos en contra de la familia: yo estoy en contra de cierto tipo de relación de subordinación que implica lo familiar, y por supuesto estructuraré mis relaciones de manera diferente. Estoy en contra de que alguien esté obligada a la maternidad, y entonces mi maternidad es elegida y será vivida de manera diferente. Y desearía que toda mujer pueda elegirla, pero eso no quiere decir renunciar completamente a cierto tipo de planes de vida. Y más allá de los prejuicios, también es importante que haya voces permanentes con perspectiva de género en la televisión, en los paneles. Una cosa es invitar a alguien una hora, gratuitamente, a tu programa, y otra cosa es tener alguien que permanentemente va a poner su voz dentro un diálogo. Esta convicción un poquito más activa todavía no la veo. Por ahora somos rating, y es una cosa medio novedosa.

-Con respecto a las denuncias de abuso sexual en la justicia, ¿cuál es tu visión en la actualidad? ¿Por qué a veces no nos creen cuando denunciamos algo así?

En general, las situaciones de abuso, ciertos tipos de violencia, son situaciones que ocurren en la intimidad. Y en el caso particular del abuso sexual, o del acoso sexual laboral, en las mujeres, muchas veces el acoso ocurre de una manera paulatina que tardamos en decodificar. Cuando decidimos hacer una denuncia, lo que hay es un relato de una persona acerca de una experiencia personal. Ese relato, que es la acusación que la persona hace, debería ser tomado como prueba. Es muy común que les digan a las mujeres “¿Qué prueba tiene?”. Yo, en general, cuando asesoro mujeres que están en estas situaciones les digo “No borres el mail, guárdalo, no borres tu Whatsapp, hacé una captura de pantalla del Facebook, si te dice algo tratá de que haya testigos”. Es muy difícil sostener materialmente las denuncias de esta índole porque ocurren en privado y porque hay mucho temor, incluso de las mujeres al denunciar. Porque sus familias, sus parejas, la cultura imperante va a pensar que ella provocó algo y que luego no se quiso hacer cargo. Entonces, el modo en que en el lugar de trabajo y luego en la justicia se reciben estas denuncias es un modo muy estigmatizante para las mujeres, que son tratadas sistemáticamente como mentirosas. Culturalmente, es tremendo.

-¿Y existen pautas de sororidad frente a las denuncias por acoso, por ejemplo?

Sí, muchísimas. Diversos colectivos de mujeres salen a sostener a otra que denunció y que es descalificada públicamente. Se la acompaña, no solo a feministas: a una mujer cualquiera que se animó a decir que algo fue lesivo para su autonomía sexual o para su deseo, porque hay que tener claro que el hecho de que no haya llegado a ser una violación, no implica que no sea abuso.

-¿Y en el ambiente laboral?

En el trabajo dependerá. Porque el trabajo es un lugar muy complicado. Hay relaciones de poder de las que depende la supervivencia. La fragilidad en los tipos de contrato hace que muchas veces las mujeres no tengan la seguridad de poder acompañar eso, la certeza de que no serán castigadas. Y los sindicatos todavía tienen muchas dificultades para responder a este tipo de denuncias. Ni siquiera cumplen con su cupo sindical, hay pocas mujeres sindicalistas, y por lo tanto estas cuestiones de acoso sexual en el ámbito laboral en general quedan para comisiones de mujeres o comisiones de género con poca representatividad y poco poder. Sin embargo, los hay. Hay sindicatos que respaldan denuncias, no solo de abusos sino también de violencia laboral: muchas veces se apela a insultos que tienen que ver con el aspecto físico de las mujeres, con someterlas a situaciones, con negar la posibilidad de tener una situación de embarazo protegida y con todos los derechos que corresponde. Hay muchísimas maneras de maltrato, de violencia laboral, que van más allá que el acoso sexual.

-¿Cuál es tu postura sobre la prostitución?

Me parece que hay tres posiciones en relación con la prostitución. Una posición que es regulacionista, y dice a grandes rasgos que la prostitución es trabajo, y por lo tanto debe ser reglamentado, con las garantías de toda otra condición laboral”. Otra posición es prohibicionista. Dice “No debe haber prostitución”, y asegura que la prohibición bajaría la trata de personas. Yo creo que en general los métodos penales no son los que bajan un delito. Pero hay una tercera posición, la abolicionista, que no trata de prohibir la prostitución sencillamente porque no es un delito penal en nuestro país. Es decir, cada persona es libre de ejercer la prostitución porque no está violando ninguna ley. Sí reconoce que la prostitución es una situación de extrema vulnerabilidad, y que entonces el Estado debería dar garantías de tener alternativas de vida. Que no esté en prostitución ninguna persona que no quiera estarlo: capacitarla, darle trabajo, por ejemplo. Sí deben perseguirse todas aquellas maneras de explotar la prostitución. Porque una persona, en una situación vulnerable, puede ser explotada por un proxeneta, por alguien que va a obtener beneficios económicos a costa de su situación de prostitución. Y la trata de personas, como delito trasnacional, va a alimentar ese circuito que fuerza a mujeres que quizá no desearían estar en esa situación. Eso también debe ser combatido por el Estado. Y eso no está ocurriendo: el Estado persigue a las mujeres en prostitución, o a las travestis en prostitución, y no persigue el proxenetismo ni la explotación sexual. Y no ocurre, primero, porque hay corrupción: hay compromisos de fuerzas policiales, políticas y judiciales con la protección de la explotación sexual. Y segundo porque muchas veces eso produce un dinero que financia ciertas formas de hacer política. En lo personal, me defino abolicionista.

-¿Cómo te imaginás la lucha feminista de acá a cincuenta años?

Lo ideal sería pensar que la lucha feminista tuvo éxito, y que entonces hemos desarmado un sistema de poder que es complejo: es a la vez colonialista, capitalista y patriarcal. Es muy difícil pensar que dentro de cincuenta años se pueda haber desarmado tanto nudo. Pero me encantaría, sí, que pudiéramos tener la convicción de que ningún sistema de poder puede estar basado en la condición corporal de las personas. Que las condiciones de etnia, de sexo, de edad, las discapacidades, todas aparentemente naturales porque las portamos en los cuerpos, sean entendidas como lo que son: cargadas culturalmente, desvalorizadas, jerarquizadas negativamente. Y que eso no puede instalar una relación de poder, porque significa que las personas, simplemente por tener las corporalidades que tienen, estarán en condiciones de opresión. Que entendamos que, desde allí, no se puede fundar ningún tipo de sociedad democrática.

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2018/02/19/diana-maffia-varones-y-personas-trans-tambien-pueden-ser-feministas/

Lanzamiento del Observatorio de Generos y Politicas Publicas

Les dejo esta invitación al acto de lanzamiento del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas de la Ciudad que se llevará a cabo en Casa Brandon, Luis M. Drago 236, CABA, el jueves 2 de marzo de 2017 a las 18:30.

Participaré del acto junto a Victoria Freire, socióloga y coordinadora del Observatorio, María Pía López, socióloga, ensayista, investigadora y docente, y Elizabeth Gómez Alcorta, abogada, litigante en juicios de lesa humanidad y docente.

Afiche del Observatorio de Genero y Políticas Públicas

Una perspectiva de género en la Constitución – Rosario 12

Comparti con ustedes la nota publicada por Sonia Tessa en la edición del 22 de noviembre de Rosario/12

Una perspectiva de género en la Constitución
Las voces que faltaban
Por: Sonia Tessa
La doctora en Filosofía Diana Maffia fue convocada para aportar en el debate preliminar a la reforma propiciada por el gobierno provincial. Subrayó la urgencia de la paridad.
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Maffia subrayó que la paridad permitirá que los derechos sean expresados en primera persona.
(Fuente: Andres Macera)

Convocada para debatir la reforma de la Constitución provincial desde una perspectiva de género, ayer la doctora en filosofía Diana Maffia resaltó la urgencia y la importancia de la aprobación de la ley de paridad que tiene media sanción de la Cámara de Diputados provincial, y que antes de fin de mes deberá ser tratada por Senadores para no perder estado parlamentario. “La paridad transparenta la necesidad de que los derechos sean expresados en primera persona”, dijo la filósofa, quien consideró además que esa ley debe resolverse “antes del llamado a la Convención Constituyente”, porque esa es la única manera de garantizar que la Constitución de Santa Fe incorpore los derechos de todas las personas “sin un sesgo de género”.

Maffia es una de las voces más autorizadas del país en temas de género, y fue convocada por la Dirección de Reforma Política y Constitucional, a cargo de Oscar Blando, para plantear algunos desafíos durante las discusiones previas a la convocatoria a una Convención constituyente. Con un público que incluyó funcionarias políticas y organizaciones de mujeres, Maffia desarrolló durante poco más de una hora los puntos centrales que debe contemplar una Constitución no sexista. “Me corrió un escalofrío cuando leí el artículo 3 (de la vigente), que establece “la protección más decidida a la religión Católica”. Santa Fe es la única provincia que sigue teniendo a esta religión como oficial, en la Constitución de 1962. “Estamos poniendo como límite legal un dogma ,el católico, y eso lo hace un estado talibán”, subrayó Maffia, quien destacó también lo que subyace en ese artículo. “La protección más decidida es financiamiento. Nadie se anima a desfinanciar a la iglesia católica”, agregó.

Antes de la exposición de Maffia, Blando hizo una exposición sobre la necesidad de una Constitución igualitaria y para eso llamó a una discusión plural. Luego, la filósofa que actualmente es directora del Observatorio de Género en la justicia de la ciudad de Buenos Aires, historizó la exclusión de las mujeres del debate político, y subrayó, por ejemplo, que “las políticas de cuidado deben estar organizadas desde el Etsado y eso debe estar claramente explicitado”.

El proceso de debate por una reforma constitucional está en sus pasos preliminares, y se puede participar en estas rondas de debate previas a través de la página www.basesparalareforma.digital. Si cuaja en la posibilidad de llamar a la Convención Constituyente, será la hora de llamar a elecciones, lo que puede ocurrir entre finales de 2017 y 2018, según consideró ayer el ministro de Gobierno, Pablo Farías, quien abrió la jornada.

Después de la exposición de Maffia, la ex vicegobernadora, Griselda Tessio, planteó que la perspectiva de género sólo se garantiza si la elección se hace ya con una ley electoral que incluya la paridad.

Como ya lo había hecho durante su exposición, Maffia subrayó entonces la importancia de aprobar esta ley. “No hay que ceder a un argumento que es muy falaz, que es que si damos cuotas para mujeres vamos a dar cuotas para discapacitados, para minorías étnicas, para minorías sexuales porque todas estas presuntas minorías tienen varones y mujeres en su constitución. Entonces con nosotras llegan también muchos otros grupos subalternizados, muchas otras representaciones subalternizadas en la política”, dijo la filósofa, quien consideró que la paridad es “un reconocimiento a la condición de ciudadanas y ciudadanos, al hecho de que somos la mitad de la población. Hay un argumento que es de justicia distributiva”.

Para Maffia, un argumento “políticamente más relevante, es que las mujeres portamos puntos de vista, intereses, necesidades, que no han sido representados por los varones, ya que previamente a la ley de cupos, a ninguno se le ocurrió hacer una ley de violencia contra las mujeres, o de violencia de género, hacer una ley de salud de salud reproductiva, hacer una ley de parto humanizado, hacer una ley contra el acoso sexual, hacer una ley de lactancia materna. Todas estas cuestiones se consideraban propias de mujeres y naturalizadas en el ámbito privado, no eran territorios ni disputas de la política. Y son necesidades profundamente políticas porque van construyendo igualdad que es uno de los valores básicos de la democracia”.

Consultada sobre el argumento más mentado contra la paridad, el del acceso a cargos públicos por capacidad, Maffia recordó que “es una polaridad que ya cuando se discutió la ley de cupo se había establecido y la verdad es que las cuotas, el cupo, o las medidas de acción afirmativa, no son para que lleguen mujeres incapaces sino para que las mujeres capaces tengan una oportunidad”.

Entrevista en Radio Vorterix de Bahía Blanca

Recientemente, en Radio Vorterix de Bahía Blanca, Maximiliano Allica me hizo una entrevista donde hablamos del proyecto de paridad, la distribución de tareas de cuidado, la violencia de género, la filosofía feminista y la política actual.