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Periodismo

Entrevista Infobae: Varones y personas trans también pueden ser feministas

Comparto con ustedes esta entrevista recientemente publicada en Infobae.

Diana Maffía: “Varones y personas trans también pueden ser feministas”

La doctora en Filosofía y Directora del Observatorio de Género en la Justicia, reflexionó en Infobae sobre la condición de ser feminista y sobre la sororidad, el concepto que busca barrer con la opresión de género

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“Yo no soy feminista”, dijo Araceli González hace unas pocas semanas, alertada porque alguien del panel del programa de televisión en el que estaba hablando la había asociado a esa condición. Aunque luego su intento de desmarcarse del mote de “feminista” fue desafortunado en la materia (“Las respeto muchísimo, pero tengo un hijo varón precioso y un marido hermoso y respeto mucho a los hombres también”, destacó de inmediato), lo cierto es que aquella primera frase, su defensa ante un supuesto insulto, sirvió para que en las redes sociales, por ejemplo, fuera defenestrada y respaldada por doquier. Y también, por fortuna, para que se continúe pensando, debatiendo y defendiendo el feminismo.

No todas las mujeres son feministas; no es una cuestión hormonal sino política. Por lo tanto, ni todas las mujeres son feministas, ni solo las mujeres son feministas. Varones, personas trans también pueden ser feministas”, asegura la especialista Diana Maffía, directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. Para ella, en la defensa que ciertas mujeres hacen de la desigualdad de género propia del sistema patriarcal imperante, se esconde la verdadera tragedia: “Que nosotras en nuestra vida cotidiana reproduzcamos las condiciones de desigualdad en lugar de producir condiciones o ser solidarias con la producción de condiciones más igualitarias, es trágico”.

Porque para Maffía -doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, docente de la UBA, autora de numerosas publicaciones e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la UBA- la clave del cambio reside allí, en esa solidaridad necesaria, imprescindible, para que el patriarcado comience a crujir desde sus mismas bases. Esa solidaridad tiene un nombre que juega con sus mismas letras: Sororidad. “Es un pacto con las otras, implica ver a las otras como sujetos de cuidado, orientarnos éticamente hacia protegernos unas a otras”, dice Maffía, y agrega: “Desde allí, podemos pensar una pluralidad solidaria que pueda consolidarnos como un sujeto político.”

-¿Qué significa la “Sororidad”? ¿Cómo nace el término y cuáles son sus alcances?

“Sororidad” es una modificación sobre el lenguaje, que viene a cambiar una palabra tradicional en la filosofía política: “Fraternidad”. Esta a su vez tiene su raíz en latín, se refería a la igualdad de los “frates”, de los hermanos varones. Desde ya, no incluía a las mujeres. Cuando la “Fraternidad” se transforma en un principio de la Revolución Francesa, en el origen del estado moderno, expulsaba a las mujeres. Las mujeres no estábamos incluidas en el Contrato Social. Entonces, desde el feminismo se piensa cómo sería una solidaridad que no fuera de “frates”. La contraparte de la palabra “frates” es “sores” (Sor, hermana mujer) ¿Cómo sería una “Sororidad”, una hermandad de mujeres? Y allí aparece este concepto, muy interesante desde el punto de vista práctico porque implica un pacto con las otras, implica ver a las otras como sujetos de cuidado, orientarnos éticamente hacia la protección de unas a otras, formando esa hermandad de mujeres. Incluirnos nosotras en un colectivo que el “nosotros” de la política, o el “todos” de la política, no incluía. “Sororidad”: pensar en nosotras una pluralidad solidaria que pueda consolidarse como un sujeto político.

-¿Todas las mujeres somos feministas?

Desafortunadamente no. Porque no es una cuestión hormonal el feminismo, es una cuestión política. El feminismo, creo yo, es una combinación de tres convicciones. Una, descriptiva: constatar que en todas las sociedades las mujeres estamos peor que los varones. El análisis de cualquier indicador social (trabajo, salud, educación etc.) arroja sistemáticamente esto: las mujeres todavía estamos en condiciones de desigualdad. La segunda es considerar que está mal que sea así. Y en tercer lugar, algo que creo yo que es lo que finalmente define el feminismo: hacer lo posible, como un compromiso práctico en nuestra vida cotidiana, para no reproducir esa desigualdad, y si es posible, para revertirla. Si alguien cree que las mujeres estamos peor, cree que eso es injusto, y está dispuesto a no reproducir esa injusticia en su vida cotidiana, y si es posible revertirla, yo diría que es feminista. Y esto no tiene que ver con los cuerpos sexuados, tiene que ver con las convicciones políticas de las personas. Entonces, a la pregunta de si todas las mujeres son feministas, yo diría que lamentablemente no. Y el “lamentablemente” tiene que ver con que las mujeres reproducimos las propias condiciones de desigualdad, y eso es trágico. Que nosotras en nuestra vida cotidiana reproduzcamos las condiciones de desigualdad en lugar de producir condiciones, o ser solidarias con la producción de condiciones más igualitarias.

-Desde hace unas semanas circulan declaraciones en distintos medios de comunicación de algunas mujeres que dicen “Yo no soy feminista”, o que de distintas maneras expresan o reflejan lo impregnado que aún tenemos la cultura patriarcal. ¿Cómo hacemos para no excluir a aquellas mujeres sino traerlas, incluirlas?

Lo primero que debemos tener en claro es que el patriarcado, como sistema de poder, no se maneja solamente con castigos. Es decir, hay un efecto del patriarcado que es la violencia patriarcal o violencia machista. Ahora, el patriarcado también se maneja con premios. ¿Qué nos da el patriarcado como premio, para que admitamos el lugar en que nos ha puesto, el lugar de lo privado, el lugar de lo doméstico, el ser objeto de deseo de los varones y satisfacer ese deseo? Nos dice que hay roles maravillosos para las mujeres: ser madre, ser esposa, realizarte en lo íntimo o excepcionalmente algunas mujeres en lo público, que han logrado tener un gran desarrollo pero sin impactar en las relaciones de poder real asumido por los varones. Esas mujeres suelen ser tomadas como ejemplo por el patriarcado y son premiadas, siempre y cuando no generen conflictos en el sistema patriarcal.
Por ejemplo, yo hice una vez un estudio sobre mujeres científicas. Muchas de ellas que ya estaban en lugares destacados, eran investigadoras superiores del Conicet, el máximo lugar posible: el 75% eran solteras. Es decir, su carrera había sido desarrollada con mucho esfuerzo personal, pero decían que su costo había sido que no le habían podido dedicar tiempo a construir una familia, una pareja, tener hijos. Eso habría distraído la construcción de ese éxito. Es una situación compleja, que me parece que explica por qué muchas mujeres no van a decir “Soy feminista”: porque creen que hay hacer un esfuerzo individual, y que ese esfuerzo puede ser premiado, y que el ejemplo son ellas mismas. Creo entonces que la aspiración del feminismo debe ser representarnos a todas las mujeres, pero ese “todas” no puede ser abstracto y uniforme. Las mujeres expresamos aspiraciones muy diversas. Y tendríamos que tener permanentemente un diálogo sin descalificar a la otra persona. Un diálogo crítico, sin que esto signifique expulsar a alguien de un colectivo que se está construyendo.

-¿Cómo entendés vos esta, si se quiere, novedad de que se esté hablando de feminismo en programas muy populares de la televisión?

Yo estoy a favor de que las personas que somos feministas vayamos a hablar de feminismo a todos los lugares que podamos. Porque hay prejuicios contra el feminismo. Por ejemplo, que por ser feminista estamos en contra de la familia: yo estoy en contra de cierto tipo de relación de subordinación que implica lo familiar, y por supuesto estructuraré mis relaciones de manera diferente. Estoy en contra de que alguien esté obligada a la maternidad, y entonces mi maternidad es elegida y será vivida de manera diferente. Y desearía que toda mujer pueda elegirla, pero eso no quiere decir renunciar completamente a cierto tipo de planes de vida. Y más allá de los prejuicios, también es importante que haya voces permanentes con perspectiva de género en la televisión, en los paneles. Una cosa es invitar a alguien una hora, gratuitamente, a tu programa, y otra cosa es tener alguien que permanentemente va a poner su voz dentro un diálogo. Esta convicción un poquito más activa todavía no la veo. Por ahora somos rating, y es una cosa medio novedosa.

-Con respecto a las denuncias de abuso sexual en la justicia, ¿cuál es tu visión en la actualidad? ¿Por qué a veces no nos creen cuando denunciamos algo así?

En general, las situaciones de abuso, ciertos tipos de violencia, son situaciones que ocurren en la intimidad. Y en el caso particular del abuso sexual, o del acoso sexual laboral, en las mujeres, muchas veces el acoso ocurre de una manera paulatina que tardamos en decodificar. Cuando decidimos hacer una denuncia, lo que hay es un relato de una persona acerca de una experiencia personal. Ese relato, que es la acusación que la persona hace, debería ser tomado como prueba. Es muy común que les digan a las mujeres “¿Qué prueba tiene?”. Yo, en general, cuando asesoro mujeres que están en estas situaciones les digo “No borres el mail, guárdalo, no borres tu Whatsapp, hacé una captura de pantalla del Facebook, si te dice algo tratá de que haya testigos”. Es muy difícil sostener materialmente las denuncias de esta índole porque ocurren en privado y porque hay mucho temor, incluso de las mujeres al denunciar. Porque sus familias, sus parejas, la cultura imperante va a pensar que ella provocó algo y que luego no se quiso hacer cargo. Entonces, el modo en que en el lugar de trabajo y luego en la justicia se reciben estas denuncias es un modo muy estigmatizante para las mujeres, que son tratadas sistemáticamente como mentirosas. Culturalmente, es tremendo.

-¿Y existen pautas de sororidad frente a las denuncias por acoso, por ejemplo?

Sí, muchísimas. Diversos colectivos de mujeres salen a sostener a otra que denunció y que es descalificada públicamente. Se la acompaña, no solo a feministas: a una mujer cualquiera que se animó a decir que algo fue lesivo para su autonomía sexual o para su deseo, porque hay que tener claro que el hecho de que no haya llegado a ser una violación, no implica que no sea abuso.

-¿Y en el ambiente laboral?

En el trabajo dependerá. Porque el trabajo es un lugar muy complicado. Hay relaciones de poder de las que depende la supervivencia. La fragilidad en los tipos de contrato hace que muchas veces las mujeres no tengan la seguridad de poder acompañar eso, la certeza de que no serán castigadas. Y los sindicatos todavía tienen muchas dificultades para responder a este tipo de denuncias. Ni siquiera cumplen con su cupo sindical, hay pocas mujeres sindicalistas, y por lo tanto estas cuestiones de acoso sexual en el ámbito laboral en general quedan para comisiones de mujeres o comisiones de género con poca representatividad y poco poder. Sin embargo, los hay. Hay sindicatos que respaldan denuncias, no solo de abusos sino también de violencia laboral: muchas veces se apela a insultos que tienen que ver con el aspecto físico de las mujeres, con someterlas a situaciones, con negar la posibilidad de tener una situación de embarazo protegida y con todos los derechos que corresponde. Hay muchísimas maneras de maltrato, de violencia laboral, que van más allá que el acoso sexual.

-¿Cuál es tu postura sobre la prostitución?

Me parece que hay tres posiciones en relación con la prostitución. Una posición que es regulacionista, y dice a grandes rasgos que la prostitución es trabajo, y por lo tanto debe ser reglamentado, con las garantías de toda otra condición laboral”. Otra posición es prohibicionista. Dice “No debe haber prostitución”, y asegura que la prohibición bajaría la trata de personas. Yo creo que en general los métodos penales no son los que bajan un delito. Pero hay una tercera posición, la abolicionista, que no trata de prohibir la prostitución sencillamente porque no es un delito penal en nuestro país. Es decir, cada persona es libre de ejercer la prostitución porque no está violando ninguna ley. Sí reconoce que la prostitución es una situación de extrema vulnerabilidad, y que entonces el Estado debería dar garantías de tener alternativas de vida. Que no esté en prostitución ninguna persona que no quiera estarlo: capacitarla, darle trabajo, por ejemplo. Sí deben perseguirse todas aquellas maneras de explotar la prostitución. Porque una persona, en una situación vulnerable, puede ser explotada por un proxeneta, por alguien que va a obtener beneficios económicos a costa de su situación de prostitución. Y la trata de personas, como delito trasnacional, va a alimentar ese circuito que fuerza a mujeres que quizá no desearían estar en esa situación. Eso también debe ser combatido por el Estado. Y eso no está ocurriendo: el Estado persigue a las mujeres en prostitución, o a las travestis en prostitución, y no persigue el proxenetismo ni la explotación sexual. Y no ocurre, primero, porque hay corrupción: hay compromisos de fuerzas policiales, políticas y judiciales con la protección de la explotación sexual. Y segundo porque muchas veces eso produce un dinero que financia ciertas formas de hacer política. En lo personal, me defino abolicionista.

-¿Cómo te imaginás la lucha feminista de acá a cincuenta años?

Lo ideal sería pensar que la lucha feminista tuvo éxito, y que entonces hemos desarmado un sistema de poder que es complejo: es a la vez colonialista, capitalista y patriarcal. Es muy difícil pensar que dentro de cincuenta años se pueda haber desarmado tanto nudo. Pero me encantaría, sí, que pudiéramos tener la convicción de que ningún sistema de poder puede estar basado en la condición corporal de las personas. Que las condiciones de etnia, de sexo, de edad, las discapacidades, todas aparentemente naturales porque las portamos en los cuerpos, sean entendidas como lo que son: cargadas culturalmente, desvalorizadas, jerarquizadas negativamente. Y que eso no puede instalar una relación de poder, porque significa que las personas, simplemente por tener las corporalidades que tienen, estarán en condiciones de opresión. Que entendamos que, desde allí, no se puede fundar ningún tipo de sociedad democrática.

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2018/02/19/diana-maffia-varones-y-personas-trans-tambien-pueden-ser-feministas/

Entrego mi cuerpo a la ciencia, entrevista con El Ovario Anarco

Comparto con ustedes la entrevista realizada para el bloque de Género y Ciencia de El Ovario Anarco, con Lucy Céspedes en GenFM 107.5 (Córdoba)

Debate sobre la(s) familia(s) en la TV Publica

Comparto con ustedes el video del debate sobre la familia  en el programa Por Venir, ideas para el país que queremos, en la TV Pública,en el que participé junto con Ernesto Meccia (autor de libros como La cuestión gay, Los últimos homosexuales) y el rector de la Facultad de Ciencias de la Familia de la Universidad Austral Carlos Camean Ariza.

A continuación, el video y la descripción publicada en http://www.tvpublica.com.ar/articulo/la-familia/.

En Por Venir, ideas para el país que queremos, tres expertos con miradas diversas debaten sobre los grandes temas de la Argentina de hoy para pensar el mañana. Junto a Florencia Halfon y Eduardo Levy Yeyati, nos dedicamos en este séptimo programa a pensar un tema de gran importancia e impacto: la familia.

En esta ocasión Florencia y Eduardo recibieron a la Doctora en Filosofía y Directora del Observatorio de Género, Diana Maffía, el sociólogo Ernesto Meccia (autor de libros como La cuestión gay, Los últimos homosexuales) y el rector de la Facultad de Ciencias de la Familia de la Universidad Austral Carlos Camean Ariza.

Los nuevos modelos de familia, la llegada de los hijos y los proyectos individuales, los divorcios, las separaciones, el concubinato y la unión de hecho, las desigualdades y diferencias de géneros, los roles dentro de cada familia, los cuidados de los niños y de los ancianos, el código civil, el rol del Estado y muchos más temas referidos a la familia estarán presentes en este debate donde todos hablan, pero también todos se escuchan.

El machismo ataca, contraataca y mata

Comparto con ustedes esta nota de Liliana Hendel con quien conversamos, junto a Teresa Meana Suarez, sobre género, feminismo y violencia hacia las mujeres, en el marco del 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la(s) Mujer(es).

El machismo ataca, contraataca y mata

Por Liliana Hendel

La autora de este texto -psicóloga, periodista y feminista- dialoga con otras dos referentes, Diana Maffía y Teresa Meana Suárez, en torno al significado del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Las reivindicaciones. Lo conseguido y lo que falta para lograr detener los femicidios.

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Minerva, Patria y María Teresa Mirabal fueron tres hermanas dominicanas asesinadas por orden del dictador Leónidas Trujillo contra quien luchaban. Las mandó a asesinar el 25 de noviembre de 1960. Desde 1981 los movimientos feministas de Latinoamérica, región que padece una de las tasas más altas de violencia machista contra la mujer, se apropian de la fecha y lo convierten en rojo de su propia agenda.

Más tarde, el 17 de diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en honor a las hermanas Mirabal.

Esta crónica de hechos históricos conjuga en tiempo pasado y motiva a revisar textos y periódicos mientras, en el presente, me hago preguntas que comparto con dos feministas de larga trayectoria:  Diana Maffia, Doctora en Filosofía y Directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires; y la española Teresa Meana Suárez, filóloga que hace de la difusión del uso no sexista del lenguaje su militancia y su pasión.

Teresa estuvo de visita en el país, donde ofreció un conversatorio en el Centro Cultural Tierra Violeta, que dirige Maffía. Aproveché la proximidad de la fecha y las invité para conversar sobre el 25 de noviembre, el feminismo, el futuro. Lo que sigue a continuación es la síntesis de una charla con dos grandes referentes del movimiento de mujeres.

“En su memoria, en memoria de su belleza incomible, hoy 25 de noviembre, es el Día mundial contra la violencia doméstica. O sea contra la violencia de los trujillitos que ejercen la dictadura dentro de cada casa” .

(Mujeres, Eduardo Galeano) 

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¿Tiene sentido tener una fecha específica? Hay quienes dicen que las fechas se convierten en recordatorios vacíos de contenido.

DM: Sí claro que sirve, tener un día te obliga, tiene sentido, es un factor de reunión. En este caso, el Día Internacional de la No Violencia Contra las Mujeres se inicia el 25 pero llega hasta el 10 de diciembre, es decir que nos preparamos con continuidad, nos mantiene ocupadas en ese foco y convoca a los medios a la posibilidad de hacerse eco de estas preocupaciones. Es una oportunidad y hay que aprovecharla para tener  estadísticas disponibles ¿cuántas murieron? ¿de qué edad? ¿habían hecho denuncias?

Sabemos que en la Argentina, cada 30 horas una mujer es asesinada por ser mujer. Hay que hacer que esas cifras sean elocuentes y hacer además que nos permitan hablar sobre las políticas públicas, la que están y las que faltan. La obligación del Estado es garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, cualquier cifra va a mostrar una omisión o una ineficiencia.

TM: Pues sí, a mí me parecen importantes las fechas. Es cierto que cuando se acerca el 8 de marzo hay que empezar a oír aquello de ¿por qué un día de la mujer y no del hombre? Pues porque hay 365 días que son del hombre. O la violencia siempre es algo malo, no solo para las mujeres.

Es importante porque además ahora contamos -hace un gesto con sus dedos- en lo que va del año en España, 63 mujeres y 8 niñas y niños, porque ahora aumentó lo de matar a las criaturas para dañar a la mujer.

El 25 de noviembre es una fecha que heredamos, me importa recordar que esta fecha se acordó en un encuentro latinoamericano de mujeres y ahora todo el mundo se sabe la historia de las hermanas Mirabal.

Todo el año estamos igual pero ese es un día que los medios, por ejemplo, se preocupan por poner la situación en evidencia y venir a preguntarte acerca de la violencia contra las mujeres.

DM: Y es interesante además que esta conmemoración haya sido en recordatorio de un asesinato político, que ocurre sobre el cuerpo de las mujeres, un aleccionamiento por no ceder al poder político no solo al acoso sexual de un dictador.

El 8 de marzo también recordemos que tiene que ver con los derechos de las mujeres por la explotación de la mujer trabajadora, ese contexto de alta precariedad sobre el que emergen estas fechas también le aportan significado.

TM: Mira, hace algunos años le sacamos el “trabajadora”. Uno de nuestros lemas era queremos empleo, trabajo nos sobra.  Y está claro que, en el caso de las hermanas Mirabal, hay que reivindicar que las han asesinado por su compromiso político y no solo porque una se negó a ceder al acoso sexual de Trujillo.

DM: Tal vez que llegue hasta el 10 de diciembre le cambia la intensidad e interpela de otro modo porque más que un día es una campaña, que termina el Día Internacional de los Derechos Humanos: es como un hilo que comunica el reclamo por la violencia machista con los derechos humanos.

“Mientras bailaban, ella trató con abierta hostilidad a un hombre acostumbrado a que la gente se arrodillara a sus pies. Trujillo percibió su disgusto, la ubicó como lo que ella en realidad era: una hermosa mujer de veintidós años, culta, capaz…y enemiga de su gobierno”.

(Vivas en su jardín, Dedé Mirabal )

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¿Cómo recuerdan el inicio de sus vidas feministas?

DM: Pienso que tengo 64; mirá si tendré para recordar: dictadura, democracia; era feminista a los 20 y un poquito en la década del 70 y atravesé distintos momentos políticos y personales. En los 70 la fractura política entre movimientos de izquierda y feminismo era importante. La dictadura perseguía a una mujer que era feminista pero los movimientos de izquierda no lo consideraban como algo de su agenda, porque no se hacían cargo de ser antipatriarcales además de anticapitalistas. Siguen siendo conjunciones difíciles de lograr.

En una recolección de entrevistas que hicimos en Tierra Violeta sobre feminismo y dictadura, yo veía que se recuperaban testimonios de mujeres como militantes pero no como feministas; fue muy interesante ver la diversidad de las respuestas. Entonces, ya había muchas reflexiones para hacer acerca del disciplinamiento que imponían los modelos de la dictadura, los modelos de familia, la responsabilidad de los padres, el retroceso en los derechos de los jóvenes. Todo lo que se había logrado en los 60 retrocedió en los 70. Y no es que retrocedió recién con la dictadura, antes se abonó el terreno. A partir de la muerte de Perón, en el 74, se prohibieron los servicios de anticoncepción en los hospitales públicos, no había derechos sexuales y reproductivos, había un gran control sobre la gente joven, prohibieron centros de estudiantes en escuelas y universidades, había prohibición de sindicalización para docentes, prohibición de libros. Eso ocurrió en el final del gobierno de Isabel, que era democrático formalmente pero hacía un ejercicio del control, de autoritarismo y de persecución cultural y religiosa. Y luego la dictadura que usa esas leyes.

Estudiando ese período descubrí que en 1975 habían venido sacerdotes y personajes del franquismo como asesores a Argentina. Era interventor de la Universidad de Buenos Aires Alberto Ottalagano, un fascista, y el ministro de Educación era Oscar Ivanisevich, que proponía en los 70 las mismas consignas del franquismo: Dios, Patria y Hogar. A pesar de ese conservadurismo, ya había mujeres que activaban políticamente, que rompían paradigmas en el arte.

Se visibilizan esas mujeres, pero no las militancias feministas

DM: Por eso me interesaba tanto y me preguntaba qué habían hecho las feministas en ese tiempo y lo que entendí es que hubo una vuelta a lo privado como estrategia de invisibilización de sobrevivencia. Y todo eso se reactiva con potencia con el regreso a la democracia.

El 8 de marzo de 1984 que fue el primer 8 de marzo de la democracia, el movimiento toma el espacio público en un acto masivo, todavía con el miedo que te soplaba en la nuca. El primer acto que se hizo en el retorno de la democracia fuimos las mujeres que tomamos la calle. ¡Eso es extraordinario!

TM: A nosotras nos sucede igualito. Franco se muere en el 20 de noviembre de 1975. El primer 8 de marzo fue en1976, pero ya estábamos en el feminismo desde el 74. Militábamos en partidos de izquierda, yo era trotskista y cuando íbamos a las marchas los compañeros gritaban: “Amnistía para los presos políticosy nosotras agregábamos: “Y para las presas que están por ser mujeres”.

Es que había mujeres en la cárcel por adulterio y por aborto. Por adulterio… hoy parece increíble ¿verdad? Por eso salíamos a gritar no a la discriminación, delito de adulterio, abolición. El artículo 44 del código decía: “Comete adulterio la mujer casada que yace con un varón que no es su marido”. Era un delito específico, solo para las mujeres.

Entonces lo primero en aquel 8 de marzo fue salir a reclamar por los derechos y la igualdad.  Decíamos en nuestros carteles: “Yo soy adúltera o “Yo me divorcio”, que no es una reivindicación feminista sino de la democracia.

Enseguida empezamos fuerte con el tema de la igualdad ante la ley, los derechos sexuales y lo más importante: el derecho a diferenciar sexualidad de maternidad. La anticoncepción estaba prohibida.

“Ahora a casi medio siglo de distancia y con la experiencia de los años veo qué avanzada era Minerva para su época… ¿A quién se le ocurría entonces ese tipo de ideas?…sostenía que las mujeres tenían que estudiar, superarse y ocupar el sitio que les correspondía en la sociedad. No podían seguir solo pariendo y cuidando una casa”. 

(Vivas en su jardín, Dedé Mirabal )

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TM: Cómo nos costó el tema del aborto. Se despenalizó en tres supuestos en 1985 y en el 2010 el PSOE amplió la regulación con la Ley Orgánica libre hasta las 14 semanas. Pero cada tanto hay riesgo de retroceso. En

En 1981 fue el juicio de Basuri, al lado de Bilbao: once mujeres, todas casadas, de clase trabajadora, madres de dos o más niños habían abortado con la misma persona en un barrio. El juicio fue impresionante, vinieron feministas de toda Europa. Fue histórico. Recuerdo que las editoriales tiraban los paquetes de periódicos a las 5 de la mañana. Entonces nos dividíamos los kioscos de Oviedo y a cada ejemplar le poníamos un sello: “Aborto Legal, ya” y lo devolvíamos al puesto así, igual de atado. También subíamos en grupos a los autobuses y colgábamos una pancarta a favor del aborto. Nos ocupaban estos temas; no estaban como hoy estas cifras de terrible violencia física y femicidio. En esos años no era aún una reivindicación. Hoy, el tema es la violencia machista. Nosotras pensábamos que cuando se consiguiera la igualdad se iba a acabar la violencia, como imaginábamos que sucedía en los países nórdicos: mujeres que trabajan, económicamente independientes y libres sexualmente; pero no, ves las cifras de Suecia, Noruega o Dinamarca y te horrorizas, entonces entiendes que esto es una guerra, que el machismo contraataca.

Para mí fue terrible darme cuenta de que la igualdad y la independencia de las mujeres no era la clave para detener la violencia.

¿Les parece que estas situaciones podrían cambiar más rápido si se incorporara el 25 de noviembre en la currícula de la escuela primaria?

DM: No es tan sencillo, hay varias cosas. Hay docentes que trabajan el tema todo el año, en Tierra Violeta recibimos visitas de colegios que vienen a conocer la biblioteca de mujeres y a conversar estos temas. Y no es en una fecha especial.

Cuando era Defensora del Pueblo, recuerdo una vez que mi hija tenía una clase especial de derechos porque era el Día del Niño. A la semana siguiente me llega un documento buenísimo de UNICEF y le sugiero que  lo lleve a su clase, pero la profesora le dijo: “No, eso ya pasó”. Ese día se habla de la importancia de algo que parece que a la semana siguiente perdió su importancia. El día fijo no garantiza lo que si garantiza el o la docente que tiene compromiso con la temática.

“Las mujeres no pueden saber mucho porque a los hombres no les gustan las mujeres que saben demasiado. ¡Ay no ! tú has leído todos esos libros…no, no hazte de cuenta que no los has leído. Los hombres no se casan con mujeres que saben mucho, le repetía mamá a Minerva”

(Vivas en su jardín, Dedé Mirabal)

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Desde sus tempranos feminismos hemos ganado leyes pero algo falla: nos siguen matando, seguimos cobrando menos…

DM: Si pasó otra cosa: se recuperó la democracia y el feminismo fue muy participativo, se trabajaban proyectos de ley para presentar cuando recuperáramos los ámbitos pertinentes. Así se consiguieron leyes muy importantes: divorcio, patria potestad compartida, ley de cupo. Y empiezan a salir leyes que impactan en el cuerpo de las mujeres. El cuerpo se empieza a mostrar como un ámbito de la política después de haber estado neutralizado durante 150 años: acoso sexual, violencia, trata, parto respetado, técnicas de reproducción. Esos temas se legislaron solo cuando entraron las mujeres y eso fue en los últimos 20 años que son los que tiene la ley cupo.

Si pensamos 30 años de democracia los 10 primeros fueron pensar las normas, discutirlas y convertirlas en acciones.

Aprendimos todo lo que hay que demandar para convertirlo en derechos y luego están los organismos de control que sabemos que no existen. Y que no tienen ninguna perspectiva de género. Están ahora discutiendo terminar con la acefalía en la Defensoría del Pueblo. Hay en la terna tres varones, sin el menor pudor.

TM Hay en España una Ley Integral contra la violencia de género que todo el mundo dice que es muy buena pero no hay recursos y las leyes necesitan recursos. Sobre el papel es buenísima, claro, pero sin financiamiento queda en manos de quien queda y si lo discutes te dicen: “es que no hace falta otra cosa, no necesita ninguna reglamentación, lo que falta es aplicar lo que hay”.

En Argentina pasa algo similar con la ley para prevenir, sancionar y erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres (26.485). Hay quienes dicen que basta la ley, que no es necesaria su reglamentación.

DM Esa es responsabilidad del ejecutivo que cuando reglamenta organiza y distribuye: este es el presupuesto, la ejecución será de este modo, la responsabilidad es de tal organismo y las penalidades serán estas.

El compromiso del ejecutivo tiene que ser explicito, si es implícito no ocurre nunca.

DM: Tengo cierto optimismo, hoy hay una feminista al frente del Instituto Nacional de las Mujeres (ex Consejo Nacional de las Mujeres) con trayectoria y una gran preocupación por esta agenda: femicidios, trata, violencias, con buenos equipos y muchos años de activismo antes de llegar a la función pública.

El Plan de Acción Contra la Violencia es un plan que deberíamos llenar de contenido. No sé si hemos sido suficientemente proactivas las organizaciones, los diferentes grupos del movimiento de mujeres, como para tomar un artículo, trabajarlo, difundirlo, observar que se haga, que se cumpla como un derecho, ver a las autoridades, impulsarlo. No hemos tenido esa apropiación, a veces por esta grieta partidaria que opera en contra de nuestros intereses como mujeres.

El 17 de noviembre se presentó el Plan de Igualdad de Oportunidades y de Trato, a nivel nacional. Tenemos uno en la ciudad, que no se cumple. La pelota está ahora de nuestro lado, tenemos que ver qué hacemos con esta norma abstracta.

Es cierto que a veces son acciones que están divorciadas, por ejemplo el Ministerio de Trabajo recibe a todos los sindicatos y dice que están representados todos los rubros, pero son todos varones. Esto es lo que explica tan bien Teresa con el lenguaje. Cuando están ellos “estamos todos” cuando las mujeres estamos, aunque seamos un montón “estamos solitas”.

¿Cómo ven la próxima década en estos temas?

TM: Estás preguntando a dos optimistas. Estoy muy contenta con la eclosión que está habiendo en todas partes, de la mano de gente ºmuy joven.

DM: Son hijas de un feminismo activo, así como hay nativas digitales hay nativas y nativos feministas.

¿Qué consejo les dan a las que continúan el camino?

DM: No ceder a la tentación de ser una mujer excepcional. Es muy difícil cuando una es la primera en un cargo público. La convicción que hoy tenemos es que desde allí hay que preparar el camino para que otras sigan ocupando ese lugar, no estamos porque somos excepcionales, ni solo por mérito propio. Encontramos que en el razonamiento misógino y patriarcal un caso satura la muestra: tuvieron una presidenta, una rectora, una…

Si se porta excepcionalmente, una vez que una se va puede no haber otra. Y esa quedará como la muestra saturada. Le diría que considere que una de sus misiones allí es asegurarse que puedan venir otras, si lo considera así va a tener muchísima tarea para abrir ese campo. No hemos tenido mujeres con esa actitud, ni de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, ni de muchas mujeres que han llegado a lugares históricamente ocupados por varones.

El ejemplo es el trabajo de Dora Barrancos en el CONICET, porque como directora cambió las normas pensando en las necesidades de las mujeres para hacer una carrera como investigadora, eso es lo que considero un trabajo feminista. Ampliar desde el poder las posibilidades para las demás mujeres.

TM: A mí me gustaría que estén más atentas a cómo el machismo contrataca y se nos mete dentro, porque creo que tenemos muchos debates estériles, desgastantes y ajenos. En España hubo una ruptura terrible entre lo que se llamó feminismo autónomo y feminismo de mujeres que militan en partidos políticos.

En un encuentro que hubo en Granada en el 89 el feminismo se partió como se parte en tantos sitios. Eso me parece una pena. A veces, por ejemplo, es la discusión de los liderazgos. Todas llevamos el patriarcado dentro, no somos perfectas, solo somos feministaspero tenemos debates que no nos ayudan a avanzar.

Nos despedimos soñando con un partido feminista, de varones y mujeres que en su plataforma anteponga la igualdad. “Es desolador”, volvemos a coincidir, ver cuántas mujeres de derecha, que se oponen a nuestras reivindicaciones han llegado a donde están gracias a que el feminismo abrió las puertas cerradas durante siglos. Por eso necesitamos personas con compromiso con los ideales de igualdad del feminismo.

Pero, somos optimistas, llega otro 25 de noviembre y esta vez nos encuentra con mucha gente joven trabajando con los mismos ideales. Nos siguen matando es cierto, pero hemos cambiado el mundo.

“Dedico esta obra a mi pueblo, sobre todo a los jóvenes que veneran la memoria de mis hermanas. A los amigos y amigas que tuvieron el valor de estar a nuestro lado en los momentos críticos y de peligro”.  

(Vivas en su jardín, Dedé Mirabal)

*Liliana Hendel es psicóloga y periodista, coordina la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina y es autora de Las mentiras del Patriarcado (Paidós)

Filosof*s Demasiado Human*s

Hace unos días participé del programa Demasiado Humano y fui entrevistada en la sección Filósofxs X Filósofxs, con Dario Sztajnzrajber, por FM Rock

La entrevista se puede escuchar en:
https://www.ivoox.com/demasiado-humano-seccion-filosofasxfilosofas-audios-mp3_rf_17414806_1.html