Archivo de la sección

Derecho

Aborto: cuestiones jurídicas, médicas y sociales en la Biblioteca Nacional

Les invito a esta actividad que organizamos en conjunto entre la Biblioteca Feminaria del CC Tierra Violeta y la Biblioteca Nacional.

«Aborto: cuestiones jurídicas, médicas y sociales»

Biblioteca Nacional – Sala Jorge Luis Borges (Agüero 2502)

lunes 28 de mayo de 19 a 21 hs (Día internacional de acción por la salud de las mujeres)

Mesa Redonda organizada por la Biblioteca Nacional y el Centro Cultural Tierra Violeta (Biblioteca Feminaria)

Participantes:
Analia Messina medica y Mag en Ciencias Sociales
Mario Sebastiani, Doctor en Medicina
Paola Bergallo, Doctora en Derecho
Luis Costa, Sociólogo y analista político

Coordinadora:
Diana Maffía, Doctora en Filosofía

Epistemología feminista y derechos

El 16 de mayo de 2018 participé en el marco del ciclo de conferencias organizado por la Maestría en Filosofía del Derecho con una disertación sobre Epistemología feminista y derechos.

A continuación pueden acceder al video completo publicado en el canal de DerechoUBA en YouTube.

 

Epistemologia feminista

El miércoles 16 de mayo, a las 18:30hs, en el Aula 1 de Extenión Universitaria de la Facultad de Derecho (UBA), expondré sobre Epistemología feminista y derechos: Conocer, ignorar, resistir. Actividad libre y gratuita.

Desafíos urgentes y perspectiva de género en la Justicia

Comparto con ustedes esta nota de la Gaceta Mercantil.

Desafíos urgentes y perspectiva de género en la Justicia

Organizada por la presidenta del Consejo de la Magistratura porteño, Marcela I. Basterra, se realizó esta jornada en la Facultad de Derecho de la UBA.

La apertura estuvo a cargo de Basterra, que contextualizó la situación actual de la mujer y su relación con la Justicia, tanto en el ámbito local como internacional.

Asimismo, expuso los cambios culturales en esta materia y la normativa de derechos humanos que tutelan los derechos de las mujeres.

La titular del Consejo dejó en claro que en la Justicia de la Ciudad se trabaja fuertemente por la igualdad. “De nada sirve la afirmación de un derecho de modo abstracto sin la implementación de acciones, para que se hagan concretos y visibles, hacia allí debemos dirigir los esfuerzos”, reconoció.

Participaron en la jornada la Jueza del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad, Alicia Ruiz, quien brindó su visión sobre la perspectiva de ese organismo como garante de Derechos y la Directora Ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres y fundadora de La Casa del Encuentro, Fabiana Tuñez, quien difundió cifras sobre la realidad de las mujeres y manifestó la necesidad de contar con una Justicia que brinde mayor protección.

Asimismo, las consejeras del Consejo Vanesa Ferrazzulo y Silvia Bianco, y la titular del Observatorio de Género en la Justicia prteña, Diana Maffía, expusieron sobre las acciones que lleva a cabo ese organismo y detallaron los próximos desafíos para la construcción de una igualdad plena.

Ambos paneles fueron moderados por la secretaria de Asuntos Institucionales del Consejo porteño, Ana Casal.

Para finalizar, Basterra manifestó que esta jornada «tiene el objetivo de poner foco en la importancia de la perspectiva de género en la Justicia y los desafíos de cara a este nuevo tiempo”.

Dialogo sobre feminismos con El Popular de Olavarria

Comparto con ustedes la entrevista completa publicada por el diario El Popular (Olavarría).

19.03 | Columnistas ENTREVISTA. La filósofa Diana Maffia plantea que «la crueldad tiene otras manifestaciones que la violencia visible»

«El género de las personas va a dejar de figurar en los documentos de identidad»

Los géneros y su insignificancia. Las luchas feministas a través de los tiempos. Una mirada amplia y profunda de la doctora en filosofía Diana Maffia. En diálogo con EL POPULAR habló del aprovechamiento de los oportunismos políticos, de cara a la igualdad.

Por Claudia Rafael – crafael@elpopular.com.ar

Diana Maffia es doctora en Filosofía, directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires, y tiene décadas de luchas feministas tatuadas en la piel. Habla de aprovechar los oportunismos políticos y, de cara al futuro, de la insignificancia que tendrán los géneros en la documentación y en las cuestiones identitarias. Analiza este tiempo como «de transición» y asegura que le resulta deslumbrante.

-Como etapa histórica ¿es posible hacer una lectura del impacto que el movimiento feminista actual puede tener a futuro?

-El feminismo, después de décadas de haber tenido menos sensibilidad, recuperó la capacidad de unir los reclamos de género con otro tipo de reclamos. Como los vinculados a las cuestiones de clase, de etnia, de medioambiente. Es decir, pensar de manera más compleja la diversidad de las mujeres. El feminismo de nuestro siglo tiene el impacto de muchos movimientos sociales. El feminismo del siglo XIX tenía un mayor compromiso con el movimiento obrero de su época y más allá de decir «nosotras queremos estar en este mundo público» se trataba de criticar a este mundo público que era hostil para todas las mujeres pero también para muchos varones.

-Cuando mencionabas el entrecruce con otro tipo de luchas, siempre hay debates pendientes como el modo de entrecruzar las cuestiones de género y las de clase. Y analizar cómo se vivió todo esto al interior de los movimientos de izquierda de los años 70…

-Creo que hay más conciencia. Porque mujeres que fueron activistas dentro de los movimientos de izquierda -e incluso dentro de los movimientos armados- que han sido encarceladas, que han estado en situaciones de tortura, pudieron elaborar sus experiencias dentro de esas agrupaciones donde había también manifestaciones sexistas, misóginas y de desigualdad. Pero creo que, además, es muy interesante evaluar las condiciones de violencia sexual dentro de las situaciones de encierro y tortura. Comprenderlo como algo distinto de aquello que se había considerado en general bajo la descripción de tortura. Pensemos que cuando fue el juicio a las juntas en los 80, a las mujeres no se les permitía hacer públicas las situaciones de violencia sexual, de violación y de otras formas de violencia y abuso sexual que quizás hasta ni eran visibles.

-Es decir, la feminidad puertas adentro de un centro clandestino comportaba otros aditamentos…

-Claro. Todo lo que significaba la feminidad en esa situación de encierro y bajo tutelas de los torturadores. Más la cuestión de que muchas veces la violación era el modo de disciplinamiento a los varones. Era apelar al sentido de propiedad de un varón sobre el cuerpo de una mujer diciéndole «mirá lo que hacemos con tu mujer». Y que ese varón reaccionara con ese mismo sentido de propiedad. Es decir, que también ahí se jugaban aspectos del patriarcado. Que tuvieron que ser deconstruidos de una manera cuidadosa. Porque cualquier palabra de crítica abonaba el prejuicio y la violencia simbólica y social de los gobiernos autoritarios sobre lo que eran esas agrupaciones.

-Con una fidelidad que protegía los silencios y sabemos bien el impacto y el sentido de los silencios…

-Exactamente. Entonces, cuando pensamos en el aprendizaje que significó poder hacer esas evaluaciones, procesar esas experiencias, pensarlas como algo colectivo y no meramente individual, implica un proceso de reconstrucción de la memoria. Recién desde los juicios por la verdad comienza a verse la violencia sexual como un delito específico. Mientras que lo que se decía antes era: «esto es parte de la vida privada, no les vamos a exponer su intimidad en un juicio por lo tanto, de eso no se habla». Tuvieron que pasar 30 años para que de eso se hablara. Y fijate que la pena por violación y por abuso sexual es mayor que la pena por torturas. Sin embargo, se la subordinaba a la condición de tortura que era una condición común a varones y mujeres, a presos y presas para silenciar la especificidad de determinadas experiencias que atravesaron las mujeres por su condición de mujeres. Hubo varones violados también pero el tipo de violencia específica dirigida a las mujeres era utilizada para debilitar a los compañeros, para debilitar a los varones. Ahí hay un proceso que muestra que en la evolución en el análisis de las condiciones de género se ha resignado muchísimo. Es muy interesante ver investigaciones sobre feministas en los 70 y el conflicto que tenían al interior de las organizaciones, que muchas veces eran misóginas, y no eran receptivas a cuestiones de género y a las demandas feministas. Hubo muchas mujeres que abandonaron las organizaciones para poder destinar tiempo a la militancia feminista.

-¿Creés que en algunos casos eran incompatibles…?

-No sólo entonces. Te diría que jóvenes militantes que empezaron a participar con la crisis del 2001 y entraron a la política con esa experiencia de politización social defensiva frente a la crisis, también impugnaron esos movimientos diciendo «yo no voy a estar más, allí donde los líderes creen que tienen privilegios sobre los cuerpos de las chicas feministas». Todavía existen ese tipo de prerrogativas difíciles de desarmar.

-¿De qué maneras calificarías al movimiento feminista según las épocas?

-Podemos pensar como parte importante del movimiento a las sufragistas, que reclamaban los derechos políticos para las mujeres a fines del siglo XIX y principios del XX. Y esto, mucho antes del voto. Mujeres que, en muchos casos, impugnaron que el voto se consiguiera en condiciones de oportunismo político. Como ahora se está impugnando que el aborto sea discutido en esas condiciones. Pero todas las igualdades que fuimos consiguiendo fueron en contexto de oportunismo político. La cuestión es estar allí, con algo preparado en el momento, para después transformarlo en herramienta para cambiar la vida de las mujeres. Porque el voto, el cupo, la paridad, el aborto, el matrimonio igualitario… todos fueron en el medio de oportunismos políticos. Creo que otra parte importante tiene que ver con la condición de trabajadoras. Otro movimiento tuvo que ver con acceder a los niveles superiores de estudio. Pero hay una cuestión clave que tiene que ver con la visibilización de la palabra que se transforma en pública. Que fue algo construido.

-¿Cómo fluyeron esas improntas en tiempos de dictadura?

-La resistencia en la dictadura también fue importante y no pasaba sólo por la resistencia política partidaria. O incluso en las organizaciones armadas estaba el debate sobre pertenecer o no. Que tuvo para las mujeres -que, además, cargaban con los hijos y con la reproducción- el conflicto entre tener que estar escondiéndose, escapando y a la vez cuidándose. Ese aspecto tomaba a las mujeres en una vulnerabilidad muchísimo mayor y fue discutido. Y ya después de la dictadura fue usar al congreso como plataforma para obtener derechos. Creo que, en parte, las cuestiones que tienen que ver con el aborto, los derechos sexuales y reproductivos, la anticoncepción, las políticas sexuales, han atravesado estas décadas y se ha logrado a cuentagotas incidir en los programas estatales. Pero además, fue comenzar a repensar la feminidad en presencia de cuerpos que no están alineados con sus identidades, con sus prácticas sexuales, con sus expresiones de género. Esta deconstrucción fue muy fuerte a partir de los años 90 y el feminismo participó intensamente en esa discusión. Y luego creo ya más recientemente está la doble participación de las mujeres en otros movimientos emancipatorios pero con la exigencia de reconocerse antipatriarcales, de reconocer las relaciones de poder basadas en el género como parte de las relaciones de poder con las que los movimientos se tienen que comprometer.

-¿Es un salto cualitativo de estos tiempos el tema del cuerpo como territorio no apropiable?

-Creo que el cuerpo siempre fue una preocupación para las mujeres porque es el lugar donde radican las diferencias. El cuerpo que menstrua, el cuerpo que gesta, el cuerpo que pare, el cuerpo al que le pasan cosas que a los varones no. En las sociedades conservadoras se nos pretende atar a una condición de naturalidad. Es un cuerpo no politizado porque gesta y procrea naturalmente. Entonces nos ata a funciones que son, no ya desde lo biológico, reproductivas sociales, reproductivas de la fuerza de trabajo, a través de las tareas domésticas. Los cuerpos han sido resignificados, sobre todo en términos de identidad. Los cuerpos se piensan de otra manera.

-¿Qué creés que va a significar de aquí a 100 ó 200 años esta época? Sin intentar futurología…

-No, no se trata de futurología. Vos pensá que yo soy de mediados del siglo pasado. Vengo trayendo utopías viejas. Tengo 64. Mi tiempo futuro es mucho menor que mi tiempo pasado. Me resulta difícil pensarlo. Porque cuando comparto espacios con feministas jóvenes veo las diferencias de lenguaje. Del modo de poner el cuerpo en lo público. De la diferente performatividad de muchas protestas. Sus modos de asumir riesgos con el cuerpo. Hay muchas diferencias en el modo en que nos manifestamos. Creo que éste es un momento de muchísima transición y me deslumbra. Porque es una semilla que estuvimos regando, regando y regando y de golpe brota y sé positivamente que así como mi feminismo no brotó de la nada, este feminismo tampoco. Pero surge como algo que te deslumbra, que tiene su propia identidad, que tiene sus propias características.

-Y ¿hacia dónde vamos?

-Creo que esto por lo que tanto nos desvivimos, que es pensar las diferencias de género, va a hacia su insignificancia. Así como el matrimonio igualitario ya no es significativo, el género de las personas va a dejar de figurar, en algún momento, en los documentos de identidad. Así como antes, no hace tanto, en los DNI figuraba raza o color de piel -y ahora nos resultaría absurdo pensar algo así- creo que el género también está destinado a ser algo que carezca de la significación tan central que ha tenido en la historia. Entre otras cosas, porque el género es lo que hacía presumir las conductas sexuales que garantizaban la reproducción. Y estamos en un camino en el que la reproducción ya se manifiesta de otras maneras. Con la reproducción asistida, con los varones transgestantes… y la tecnología que avanza. Lejos de la utopía de los 70 que tenía el marxismo en donde el maternaje no era concebido como algo individual. Los cambios serán otros. Quién sabe si será a beneficio de nuestros ideales socialistas o para beneficio de los ideales totalitarios, explotadores. Y para mí es algo todavía misterioso qué ocurrirá con esos embriones gestados por una incubadora, a qué se destinarán. Esas funciones que por ahora están en el útero de una mujer… Como ya decía Platón, el útero es un demonio dentro de otro demonio. Es decir, las mujeres somos difíciles de controlar y ni siquiera nosotras controlamos nuestro útero. Se está buscando un plan B para que no sea la voluntad libre de cada mujer la que determine si va a tener sexo o no, con quién lo va a tener, si es con fines reproductivos o no. Todo eso, que son nuestras libertades garantizadas por los derechos humanos, está en permanente riesgo. Es decir, la lucha entre el bien y el mal creo que va a seguir pero seguramente los personajes van a estar vestidos de otra manera.

-¿De dónde brotó tu feminismo?

-Soy filósofa y mi vida estaba dedicada al estudio académico. Tuve compañeras que me fueron pasando bibliografía e incidieron en mí sobre aquellos problemas filosóficos que me habían sido presentados como neutrales y que eran totalmente misóginos. Entonces yo enseñaba algo que reproducía mi propia opresión. Como pasa con casi todos los conocimientos elaborados en contextos patriarcales. Que se transmiten desde el rol de madre, de maestra, de investigadora. Entonces tener una lectura crítica sobre esos contenidos fue para mí un proceso largo y complicado. Y luego, una lectura proactiva y creativa con otras feministas. Doy una materia que se llama Filosofía Feminista y dí una en Derecho que se llamaba Perspectiva Feminista del Derecho. Que creo que es la primera vez que la palabra feminista va en una materia crítica y no como historia del feminismo.

-Que seguramente escandalizaría a tus docentes en tus tiempos de estudiante de filosofía…

-Ni hablar. De hecho, en mi carrera fui muy castigada por manifestarme de esta manera. Si analizamos una carrera académica tradicional, a personas obedientes les fue mucho mejor en términos de concursos docentes, de carrera de investigación, de lograr lauros, medallas. A mí me fue bien en otras cosas, como mi voluntad de incidencia para el cambio social. Y para mí es una fuente maravillosa de alegría y sigue siendo un placer trabajar en eso. Yo no sé si esa alegría, ese compromiso y ese placer lo habrán tenido personas con más medallas. Pero para mí es una redefinición de los logros. No me interesan los logros académicos, sola y encerrada en una biblioteca, a expensas de otras mujeres que no llegan a esos lugares. Me interesa otro tipo de éxito.

-¿Establecés la diferencia entre violencia y crueldad de género?

-Creo que el término crueldad nos abre otros espacios. La crueldad tiene otras manifestaciones que la violencia visible. Hay muchas formas que tienen que ver con la opresión y que no se manifiestan violentamente. El halagar a una mujer que se queda en el molde y hace lo que el patriarcado espera que haga es una crueldad de género pero no es violencia en el sentido literal. Me parece que en la palabra crueldad, hay matices que nos permiten analizarnos como género humano, analizar las conductas pero sobre todo la vida social y sus consecuencias de manera mucho más aguda, más crítica. Es el ojo de la sospecha y siempre es bienvenido. 

Fuente: http://www.elpopular.com.ar/nota/110230/el-genero-de-las-personas-va-a-dejar-de-figurar-en-los-documentos-de-identidad