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Reunión cumbre, Giberti-Barrancos-Maffía en Las/12

Comparto con ustedes la entrevista publicada en el suplemento Las/12 de la edicion de Página/12 del día 28 de octubre de 2016.

Reunión cumbre

Eva Giberti, Dora Barrancos y Diana Maffía ganaron el premio Konex a la trayectoria en estudios de género y son tres feministas pioneras en Argentina. Eva Giberti, además, recibirá el premio de platino a mitad de noviembre. Sin sentarse en los laureles más que merecidos, las tres analizan, desde diferentes miradas pero con complicidad y sabiduría, el paro y movilización del 19 de octubre y festejan feminismos plurales y jóvenes que enredados con otras generaciones hicieron oír un grito poderoso frente a la crueldad de la violencia machista y también frente al contexto de crisis.

Por Luciana Peker

Foto: Constanza Niscovolos

El río se vuelve horizonte. Y tres mujeres miran. Las tres son parte de una historia pensada, accionada y caminada, por ellas y, una vez más, pero como nunca antes, el 19 de octubre, por miles de mujeres protagonistas de una revolución de las mujeres que se expande desde la Argentina al mundo. Se mixturan como las flores rojas y blancas que pueblan el balcón y el living, sin fronteras ni aires que no sean libres, con sus cuerpos que no se rinden a las rodillas dolidas o a los años que solo las potencian. Son diversas y diversamente se encuentran y se debaten, se discuten y se iluminan. Se agarran del brazo, se escuchan, conversan y miran, como al balcón, el pasado para señalar las idas y vueltas de la historia y un feminismo que alumbra un futuro plural y decidido.

Eva Giberti, Dora Barrancos y Diana Maffía ganaron el Premio Konex que, por primera vez, en el 2016, después de treinta y siete años de recorrido, contempló la disciplina Estudios de Género. Las tres no son solo académicas o investigadoras, sino que pusieron el cuerpo en la actividad pública, en la política y en las miles de marchas que mostraron que la ola feminista es una marea de mujeres dispuestas a parar de pie la violencia, llueve o truene. Las tres rescatan la fuerza de los feminismos plurales y la vitalidad de las jóvenes en el protagonismo político del feminismo a partir del fenómeno colectivo de Ni Una Menos y los masivos Encuentros de Mujeres.

Diana Maffía es doctora en Filosofìa, directora del Centro Cultural Tierra Violeta y del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. Dora Barrancos es socióloga, historiadora y directora del CONICET en representación de las Ciencias Sociales y Humanas. Eva Giberti es doctora en Psicología y coordinadora del Programa Las víctimas contra las violencias, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, y Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

Eva Giberti tiene 87 años, Dora Barrancos 77 y Diana Maffía 63. A cada una la envuelve una década y entre las tres tejen lazos que no tienen fecha de vencimiento. Son protagonistas activas de un pasado que se volvió fulgor y que es un trayecto rebelde y renovado. Desde sus miradas en común y divergentes observan la situación de la violencia de género en la Argentina de hoy y de un feminismo más vivo que nunca antes.

-No son mujeres de luto, son mujeres que gritan. La cosa pasa por el grito -señala Eva, que se convierte en anfitriona de tazas de porcelana y ronda de convites para una vida de mujeres libres, sin tiempos ni silencios u ostracismos. La charla comienza con una ronda de té y termina cuando el atardecer ilumina, desde la ventana, a los unicornios que colecciona como un símbolo de libertad desde su infancia hasta ahora en que su edad lo único que define es a una pluralidad de mujeres sin límites.

¿Cómo se convive con un país donde hay 60 por ciento de becarixs en el CONICET y una descalificación al debate sobre necesidad de paridad diciendo que las mujeres tienen que demostrar capacidad para ocupar lugares?

Diana Maffía: En Argentina se organizó un Congreso de Biología donde solo exponían varones cuando es una carrera con sesenta por ciento de mujeres. Visualicemos donde buscamos la capacidad. ¿Quiénes son sujeto de diálogo? No pasa en la Universidad algo diferente que lo que pasa en otros lugares. Pensemos que cuando hacíamos la marcha, bajo la lluvia, con un hartazgo a partir de un femicidio tan salvaje que no podìamos esperar al próximo 3 de junio pidiendo que no nos maten, en la Casa de Gobierno había una reunión con empresarios, sindicalistas y funcionarios en la que mandaron a hacer, especialmente, una mesa rendonda. (Mauricio) Macri dijo “para que todos nos veamos”. Entonces mientras los varones discuten cómo se va a invertir y distribuir la riqueza en esa mesa redonda nosotras tenemos que salir a la calle para que no nos vean y no nos maten. Es terrible la desproporciòn de ciudadanía. Y esto ha ocurrido simultáneamente. Nosotras tenemos que salir de nuestras casas para que no nos maten. Hay un escenario donde las mujeres tenemos que convertir esa demanda en exigencias muy concretas y en control de polìticas y estos señores tienen que darse cuenta que no están todos si no estamos nosotras.

¿Qué implica que la respuesta a Ni Una Menos sea “nadie menos”?

Eva Giberti: El feminismo es cambiar al mundo y eso es lo que hay que cambiar. Cuando se dice todos, eso tiene que ser todos y todas y no hay que dejar afuera a las personas trans que estaban también en la marcha con un papel visible. Estamos viendo el proyecto constantemente en la radio y televisión. Ahora la cosa es que hay que decir “Ni uno Menos, también para los varones, o “Nadie menos”, y no están pensando en los trans. Esto es el contraproyecto. Pero nos tiene que alegrar. Esto determina que las compañeras vayan a la televisión y la radio. Las escucho con énfasis y potencia tratando de convencer al interlocutor para que comprendan el fenómeno. Es necesario que vayan a la televisión, pero quisiera desesperanzarlas de la idea utópica de que van a lograr convencer a los conductores. Ellos son el muro. Son representativos de una formidable porción de la sociedad y de una mentalidad.

¿El feminismo no tiene que ser más popular y llegar a la televisión?

Eva: La televisión da lugar para mostrar que no nos excluyen

Dora Barrancos: Es un acto muestral.

Diana: Y, muchas veces, para quedarse con la última palabra. Es muy común en la radio que cortan y se quedan refutándote sin darte la posibilidad de contestar. Es muy desleal la comunicación.

Eva: Yo escucho mucha radio y me llama la atención cómo tratan los conductores a las mujeres con las que trabajan. “¡Qué bonita se vino hoy! ¡Se ha venido con un escote que nos ha dejado conmovidos”

Diana: Y la minifalda..

Eva: Todavía nos falta que haya mujeres alertadas que podrían reaccionar y no levantarse a servir el café. ¿La mujer dice “Qué bien el pantaloncito apretado que te trajiste, cómo te marca todo lo que tenés!”? Eso sería lo verdaderamente desfachatado… En mis años de juventud, a un señor galante, yo le decía: “Usted es un buenmozón, mire qué perfil que tiene, parece un romano”.

Eso ahora se llama autodefensa, fuiste una precursora Eva (risas).

Eva: Tengo indignación que a la gente que escucha la radio le pasan por delante violencia y discriminaciones de género de forma permanente.

¿Qué quiere decir la idea de un contraproyecto a la salida a la calle de las mujeres?

Eva: La aparición de estos sujetos que están contra el proyecto de la marcha. Un contraproyecto a la marcha con la idea de que la marcha no sirve para nada o que pregunta “¿Qué quieren las mujeres?” o que alegan “A los hombres también nos matan”.

Diana: Dicen “Se está silenciando que hay más varones asesinados que mujeres”. Efectivamente, mueren más varones que mujeres.

Dora: ¡Pero no por ser varones!

Diana: Están disputando privilegios entre sí: poder, propiedad privada. Pero en los asesinatos de mujeres no se dan esos contextos. No estamos disputando cantidad de muertes, sino contextos y evitabilidad de muertes. Pedimos que el Estado genere condiciones de igualdad para que las mujeres no estén desprotegidas ni entregadas a situaciones violentas.

¿Cómo influye la resistencia machista de los medios?

Dora: Lo mediático es un problema hoy en día. Antiguamente la opinión pública -que viene de público y prensa escrita- no tenía la fuerza que tiene hoy que está concentrado desde el punto de vista patriarcal. De ahí viene la incorrección permanente. Se ha sustituido crimen pasional por femicidio. Pero siempre hay un dispositivo respecto de algunas muertas de menguar la situación brutal por procedimientos denostativos que sugieren que la chica estaba vestida, como el caso de Melina (Romero) que fue paradigmático. Creo que de esto se sale. Pero hay una colonización. Estamos en una democracia disuasiva de la opinión diferente. Yo estoy bastante optimista a pesar de la penumbra.

¿Cómo observan el fenómenos de marchas tan multitudinarias en las convocatorias de Ni Una Menos y del Encuentro de Mujeres?

Dora: El Ni Una Menos es un movimiento que se proyecta por el mundo. Haber hecho una huelga que antes era solo sexual es un fenómeno y un momento muy excepcional. Los sentimientos feministas, si hubieran estado tan empáticamente forjados, lograrían que el mundo esté patas para arriba.

Diana: Para algo excepcional podemos estar acompañadas. Pero hay que trabajar mucho para tener coherencia. La marcha no fue uniforme, sino muy diversa y en los poquitos días de organización se discutió si los varones van o no van y si nos vestimos de negro.

Dora: Qué absurdo discutir si los varones van…

Diana: No es tan absurdo…

¿Qué piensan de la participación de los varones en los reclamos de las mujeres?

Dora: Los grandes congresos de fines del siglo diecinueve tenían muchos varones. Recuerdo en un Encuentro Feminista que no la dejaron entrar a Lohana Berkins.

Eva: Diana cuando estuvo (como Defensora adjunta) en la Defensoría del Pueblo hizo mucho por los derechos humanos de las travestis e hizo el primer censo de travestis en Buenos Aires. Hay que recordarlo y ponerlo en la memoria.

Diana: No se me hubiera ocurrido sola sin Lohana Berkins. También peleó mucho en los Encuentros Mabel Bellucci.

Eva: Lohana fue la musa inspiradora.

¿La violencia machista es la de siempre pero ahora hay aún mayor reacción o la violencia machista se recrudeció?

Eva: La crueldad masculina se ha incrementado en un nivel pavoroso. Los informes que yo leo todos los días en el Programa Las víctimas contra las violencias, son terribles. Realmente estamos viendo crueldades que no habíamos visto en el 2006 cuando empezamos. Ya no es la amenaza “te voy a quemar viva”, ahora la queman. Las echan de la casa y los hombres se quedan en la casa.

¿Qué pasa con las violaciones colectivas que aparecen en relatos de las jóvenes con mayor presencia que antes?

Eva: Aparecen desde la escuela adolescentes violando en banda a sus compañeras. Es la histórica violación en banda, pero que no era habitual hace unos años. El nivel de crueldad, porque no hay otra palabra, aumentó: golpear a la mujer ya no alcanza. Hay que lastimarla de alguna otra manera. Está sistematizada la amenaza “te voy a sacar lo que más querés, que son los chicos”. De las amenazas hay que cuidarse porque después se cumplen. Es una especie de interface entre la amenaza y matarla: hay un espacio en el que hay una fase de terror de la mujer.

Dora: El terror es paralizante.

¿El femicidio de Lucía Pérez, en Mar del Plata, es emblemático de esa crueldad?

Eva: Sí, exactamente. Lucía muere de un paro cardíaco por exceso de dolor por un empalamiento. Ojo porque cada vez más recrudece la violencia.

¿Es un contraproyecto a mujeres que desean?

Eva: ¿Pero cómo se te ocurre que una mujer puede tener deseo autónomo sin que el varón te haya convocado? Tenes que esperar a ser novia avanzada o esposa.

Diana: Y que el deseo te lo genere él…

Eva: Y que no venga usado. Si ella tiene ganas es una arrastrada. El deseo de la mujer libre que quiere tener algo con un galán y lo avanza es insoportable para el varón que piensa que su pene tiene que entrar abriendo el mar. El fantasma y la fantasía identitaria es un pene erecto, cosa que no pueden siempre. Y tienen significativos fracasos de los que las mujeres con muchos años podemos hablar.

¿Qué pasa con las deudas del sistema judicial?

Diana: Las mujeres tiene todo tipo de barreras para acceder a la Justicia. En la provincia de Buenos Aires cada vez que denuncian van a un juzgado diferente. Cada juzgado tiene su propio laberinto. La idea es generar otra Justicia al 2020, según una propuesta del Ministerio de Justicia donde habría tribunales de violencia unificados en lo Civil y lo Penal que sería muy bueno. Es un cambio de paradigma muy grande. Hay que darle una porosidad a la Justicia en su relación con la comunidad. La Justicia no la hacen solamente los jueces. Las personas tienen que comprender cómo hacer valer sus derechos. El día de la marcha hubo 30 por ciento más de llamados en la Línea 144.

Eva: En la Línea 137 somos los únicos que vamos con un móvil que no está identificado, con una psicóloga y una trabajadora social y un policía de civil para defender a las trabajadoras y entrar a la casa. También puede llamar un vecino. Ya atendimos 20.425 llamados desde el 2006.

Dora: Amo a estas mujeres, pero no sabemos toda la crueldad anterior.

Diana: Con Alicia Muñiz se hizo público el tema en Argentina.

¿Dora, creés que la violencia anterior era igual de grave y no se dimensionaba?

Dora: En nuestra primera revista feminista Nosotras, de 1902, se dice qué barbaridad ha muerto una mujer pero el Código Penal ha sido muy benévolo. El Código Penal autorizaba, hasta 1921, la muerte a homicidas por dignidad del honor y daban penas mínimas. Yo me torné feminista en Brasil cuando mataron a una mujer de alta sociedad en Buzios alegando infidelidad y el defensor dijo “legítima defensa del honor”. Pero si las feministas pensamos que vamos a derrocar al patriarcado con el Código Penal en la mano estamos completamente fritas. De todos modos, el Estado tiene que hacer algo con las víctimas. Tiene un costo tremendo ir y denunciar.

Diana: Tiene que tomarlas en serio.

¿Cómo ven la renovación del feminismo que trajo Ni Una Menos y el Paro de Mujeres del 19 de octubre?

Dora: Felizmente se terminó el feminismo de capilla.

Eva: Las que sabían…

Diana: Teníamos un feminismo de CEO´S.

¿Cuál es el cambio?

Dora: Hay un derrame notable de feminismo de todos los colores. Hay una diáspora extraordinaria y el movimiento LGTBI es importantísimo, nos da otros sentidos. Yo soy optimista. El fenómeno argentino es único y de emulación hacia afuera. El paro del 19 de octubre fue impactante. Hay sectores duro de roer que sintieron el impacto. Es un gran logro político en todo el país. Se sacudió muchísima gente.

Diana: Impactó a otros países rápidamente. Y es muy prometedor que son chicas muy jóvenes.

Dora: También son muy importantes los grupos lesbofeministas. Son hechos políticos muy impactantes. Es un momento de quebranto. Hay que cuidar de no banalizar un escenario tan extraordinario. Son ritos fundamentales que no tienen que ser una vuelta en escena ni dejar colonizarse por el patriarcado.

¿El feminismo también es una respuesta política frente a la actual coyuntura?

Dora: Este es un momento de crisis donde los machos se desestructuran y van a arraciar las violencias cuando sube la tasa de desempleo, como ya vimos en los noventa. Hay que pensar un proyecto muy mejorado con equidad, equidad, equidad.

¿Qué rescatan de la marcha del 19 de octubre?

Eva: Se marchó gritando. No sirve marchar llorando.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10976-2016-10-28.html

Los mil pequeños sexos

El próximo viernes 15 participaré en el I Coloquio Internacional sobre Estudios y Políticas de Género: Los mil pequeños sexos.

En este coloquio internacional, destacados especialistas de Argentina y el exterior debatirán sobre una teoría crítica del género, las teorías sobre lo neutro, lo queer y lo trans y las políticas de género vinculadas a las identidades y las disidencias. Asimismo, habrá un espacio para revisar las escrituras e imágenes de género, el género en relación a la sexualidad y la salud y su institucionalización en sistemas normativos, así como las prácticas de resistencia a esos intentos de normalización.

Contacto: ciepog@untref.edu.ar

Conferencia de apertura: Amaranta Gómez Regalado (Universidad Veracruzana, México)

Conferencia de cierre: Jack Halberstam (University of Southern California)

Actividad no arancelada

14 y 15 de julio – de 10:00 a 21:30 hs.

Sede Rectorado Centro
Juncal 1319 – C.A.B.A.

Organizan: Maestría en Estudios y Políticas de Género / Centro Interdisciplinario de Estudios y Políticas de Género (CIEPOG) UNTREF

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Programa

Inscripción

Universidad Nacional de Tres de Febrero

¿Por qué hablamos de femicidios?

Se acerca un nuevo 3 de junio y volveremos a salir a las calles exigiendo #NiUnaMenos y #BastaDeFemicidios. Luego de la multitudinaria marcha del año pasado, ya más seguras de la voluntad colectiva que acompaña estos reclamos, nos preparamos organizando, discutiendo y evaluando qué avances logramos y qué demandas pendientes nos quedan para alcanzar una sociedad paritaria y sin violencia de género.

Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de violencia de género, cuando hablamos de femicidios? Los medios de comunicación están más receptivos con el tema y los conceptos, pero a veces se transmiten sentidos equivocados o se hacen visibles situaciones de violencia de una manera regresiva en cuanto a derechos. La mayor presencia en los medios de comunicación asegura la difusión, pero no siempre la corrección de las ideas.

Escuché periodistas respetables hablar de “violencia de género” cuando un hombre es víctima de violencia por parte de una mujer, y eso no es correcto. Porque la violencia de género se define por las relaciones desiguales de poder que subordinan a las mujeres, y las relaciones patriarcales que hacen de las mujeres (y los hijos e hijas) propiedad de los varones y responsables del cuidado y los trabajos domésticos. Cuando una mujer se rebela a ese lugar, la respuesta es la amenaza, la violencia y la muerte. Un varón puede sufrir violencia e incluso ser asesinado, pero esto no ocurre en una cultura que legitima relaciones desiguales de poder, sino todo lo contrario. Es violencia, pero no es violencia de género.

El concepto de “Femicidio” es el tenebroso final de esa escalada de violencia. No se trata de un conflicto privado entre dos personas, ni tampoco de un crimen pasional (como todavía se insiste en caracterizarlo). Aunque ocurra en el seno de una pareja o ex pareja, está basado en una desigualdad sistemática en la que el Estado tiene responsabilidades. Por eso le reclamamos al Estado su intervención, no sólo para penalizar al femicida, sino fundamentalmente para evitar los femicidios.

Hablamos de femicidios porque sabemos que en el largo camino que recorremos las mujeres tropezando con múltiples formas de violencia, muchas de las cuales están tipificadas en la ley correspondiente, instituciones y funcionarios inclumplen por omisión las obligaciones a las que se han comprometido. Porque nos tomamos en serio los derechos humanos y estamos convencidas de ser parte de su universalidad. No banalicemos los conceptos. Esto no es una avanzada de las mujeres sobre los varones, sino sobre el patriarcado como un sistema cruel que también los oprime aunque parece darles privilegios. Es imposible construir igualdad en un sistema que naturaliza sobre las diferencias sexuales la desigualdad política y de derechos.

Y si ya hemos aprendido a usar la palabra “femicidio” avancemos sobre otras formas de crímenes de género subordinados, hablemos de “travesticidios” y de “transfemicidios” con palabras que iluminen sus específicas relaciones de opresión, respetando sus propias voces. Nombremos juntas al poder que asesina, y gritemos alto #NuncaMas.

*Por Diana Maffía, Directora del Observatorio de Género en la Justicia.

Publicado en Página/12. 30 de mayo de 2016

Una luchadora popular

Comparto con ustedes la entrevista en el programa “Sueños Posibles” de La Retaguardia Radio, con motivo del crimen de Diana Sacayan.

Programa N°245 -26 octubre 2015

En recuerdo de Diana Sacayán
Diana Maffía, Directora de Observatorio de Género del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires.
Julia Contreras: Directora de Promoción y desarrollo prácticas anti discriminatorias del INADI.
Marcelo Suntheim: Fiscalizador de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA)

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Diana Maffía es doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y directora del Observatorio de Género del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. Con motivo del asesinato de la militante trans Diana Sacayán, dialogó en una emisión de Sueños Posibles, con Alfredo Grande e Irene Antinori, por La Retaguardia. La especialista abordó además diversos aspectos de las reivindicaciones de género en nuestro país. (Por La Retaguardia)

Ley de identidad de género

Al inicio de la charla, Maffía se pronunció sobre los pro y los contra de la ley de identidad de género: “Por un lado tenemos ese brillo de ciertos avances legales, pero recordemos que elude la cuestión de la identidad travesti, porque da la posibilidad de un género autopercibido que debe ser inscripto como varón o mujer”. Maffía señaló que las travestis y las personas intersex que conformaron parte sustancial de la Red por la ley de Identidad de Género, “decidieron posponer parte de sus demandas generosamente para poder habilitar esta apertura tan importante que significa la ley”. La especialista define a la identidad travesti como una categoría política y sostiene que “Diana Sacayán, Lohana Berkins, desde hace quince o veinte años la hacen visible como una demanda, como una interpelación a la dicotomía sexual, como una interpelación al modo en que el Estado responde a estereotipos de género y deja fuera de la ciudadanía a personas que no responden a esas decisiones”.

Recuerdo para su tocaya

Activista trans y militante popular, Maffía expresó su sentimiento por el asesinato de Diana Sacayán y recordó su militancia: “Tiene un ingrediente particular y es que era una luchadora popular. Ella vivía en el Conurbano y adhería a ciertas luchas que eran propias del barrio en el que vivía. Este modo de ser luchadora por su identidad, pero también por otras reivindicaciones sociales con personas muy populares, le daba un perfil particular”. Según Maffía, la investigación judicial sigue varias líneas “y una de ellas tiene que ver con los antagonismos políticos. No solamente su fragilidad viene de su condición de travesti sino también de ser una luchadora popular contraria a una regimentación de las luchas que pretende etiquetarlas a todas bajo una hegemonía”.
“Toda sexualidad es política, con una gran conciencia política y con una gran conciencia de clase. Con personas como Diana Sacayán, la subalternidad es transformada en una fuerza orgullosa: era el orgullo de ser del Conurbano, pobre, que resiste y reclama derechos, con una sexualidad absolutamente subalternizada y, sin embargo, desde esa identidad, hacer los reclamos”, reivindicó.

Lo trans como disruptivo

“Hablar de imperialismo heterosexual es impugnar una cuestión que es la orientación sexual, no necesariamente la identidad. Uno podría pensar que una mujer que ama a otra mujer sigue siendo una mujer y un varón que ama a un varón sigue siendo un varón”, reflexionó Maffía y aportó un ejemplo relacionado con los elementos que indefectiblemente se dejan afuera si se cataloga: “Hay otras identidades además de varones y mujeres, y hay otras orientaciones difícilmente designables. Una travesti se enamoró de una lesbiana y me preguntó si eso era heterosexual u homosexual y yo no supe qué responderle, ¿cómo consideraríamos la orientación de una travesti y una lesbiana?”. El planteo de Maffía complejiza los parámetros utilizados para clasificar las innumerables orientaciones sexuales e identidades de género: “Si consideramos su genitalidad diríamos que es heterosexual, si consideramos su expresión de género diríamos que es lesbiana, bueno, es difícil saberlo, porque no es solamente una cuestión de orientación”.
En caso particular del travestismo la categorización se complica aún más, aseguró Maffía: “La travesti toma una expresión de género mujer y mantiene su genitalidad. Esto impugna, hace que no se sepa cuál es la orientación y entonces no vamos a poder calificarla como heterosexual ni como homosexual ni como bisexual y también impugna la cuestión de la corporalidad y el alineamiento de corporalidad de identidad de género”. Según la especialista, la identidad trans es disruptiva y debe ser tomada con esa singularidad: “En el crimen de Diana Sacayán interviene la fiscalía especializada en femicidios, pero en realidad tendríamos que empezar a hablar de travesticidio, de darle singularidad al asesinato de una persona travesti por su condición de travesti”. Para Maffía se trata de un crimen de odio específico diferente del femicidio.

Mujer y varón no se nace

“Esta idea de que una mujer no nace sino que se hace, encubre que un varón tampoco nace sino que se hace. No es sólo la feminidad lo que se construye, la feminidad se construye de manera subordinada”. Maffía problematizó el rol masculino en tanto se considere como necesariamente privilegiado: “Muy pronto los varones se enteran de que los privilegios son para los varones hegemónicos y muchos quedan afuera de esos privilegios prometidos por la masculinidad porque hay otras subalternidades: de clase, de color, de etnia, de orientación sexual, de identidad”. La especialista sostiene que la construcción de la masculinidad se da como una identidad que se impone a través de la violencia y la fuerza: “Resulta muy lesivo para muchos varones pensar que ese es el modo de identidad en que deben expresarse. Así como las mujeres muchas veces no nos resignamos a las posiciones subordinadas que nos reserva un cierto sistema social, muchos varones tampoco se resignan al tipo de diseños de masculinidad o los lugares sociales de sometedores”.

La condición de clase

“Es muy importante señalar la lucha de clases porque el modo en que se determinan los roles de género en nuestra sociedad provienen del origen del Estado moderno porque previamente los roles sociales no se distribuían políticamente”, definió Maffía. La especialista informó que antes de la modernidad, los roles se establecían como naturales y no había discusión al respecto. “Con los roles sociales con un diseño político del Estado moderno y éste como distribuidor de derechos, hay una relación entre lo público y lo privado que depende del orden capitalista vigente. Los roles en lo público tienen que ver con el trabajo remunerado y la diferencia entre quien tiene los medios de producción y quien vende su fuerza de trabajo y las relaciones económicas que se puedan establecer”, explicó. La distribución de los roles se convierte en privada respondiendo a la misma maquinaria: “Para que esa acumulación capitalista sea posible tiene que haber una reproducción gratuita de la fuerza de trabajo, y ese es el orden privado, el orden doméstico que está reservado a las mujeres”. Las mujeres en el capitalismo desarrollado deben, según Maffía, garantizar las tareas domésticas, reproductivas o de cuidado y “eso es algo que el Estado no discute, es un gran factor de desigualdad sobre todo para la vida profesional y laboral de las mujeres, y tiene como fundamento que es la única manera en que el sistema capitalista puede resistir: haciendo que la reproducción de la fuerza de trabajo sea gratuita”. Maffía sostuvo su análisis suponiendo una realidad diferente: “Si en el salario tuviera que figurar esa reproducción como parte de la remuneración, si se recibiera también el equivalente a alguien que limpia su casa, que lava la ropa, que la plancha, que hace la comida, que cuida a los niños, claramente quien acumula no podría acumular tanto”.
Maffía asegura que “las mujeres que no nos rebelamos al orden establecido prestamos numerosos servicios al Estado y seguimos reproduciendo gratuitamente la fuerza de trabajo, y también prestan servicios los gobiernos en los que las políticas sociales se expresan en domesticación de las mujeres; es decir, subsidio para las amas de casa, subsidio para que se queden en su casa cuidando niños y garantizando que se vacunen y vayan a la escuela”. La especialista asegura que este orden de cosas sólo beneficia al modelo económico capitalista.

Iglesia, Estado y sexualidad

Maffía comenzó su reflexión en este punto cuestionando el artículo 2 de la Constitución, en el que la Iglesia se aseguró ser mantenida por el Estado, a pesar de que sea laico: “Que la paguen los feligreses es bastante razonable, pero que la pague el Estado, a una en particular, no siendo una religión de Estado, parece bastante anormal”. En materia de sexualidad e identidad de género, “el catolicismo dogmáticamente considera que la sexualidad está aplicada a la reproducción, tanto que recién en los años 70′ la Iglesia resuelve que la sexualidad es también un mecanismo de comunicación en las parejas”. Maffía informó que antes de aquel pronunciamiento, era tan fuerte la idea de la sexualidad reproductiva que “si uno de los integrantes de la pareja era estéril, aunque estuvieran casados, no debía haber sexo, y lo mismo si la mujer alcanzaba el final de su etapa reproductiva. Por supuesto no debía haber anticoncepción”. La especialista señaló, además, que “persisten posiciones conservadoras que siguen considerando que no debe haber ni educación sexual ni acceso a la anticoncepción por esta idea de la sexualidad reproductiva”.
“Como la reproducción es garantizada por el coito vaginal, cualquier otra práctica sexual también va a quedar bajo anatema para la Iglesia, y mucho más aquella sexualidad que no es reproductiva como es la no heterosexual”, señaló. Maffía recordó la posición del ahora Papa Francisco cuando era el sacerdote Jorge Bergoglio, en 2010 cuando se discutía el matrimonio igualitario: “Dijo que era una treta del demonio, que la idea de dos personas homosexuales que se casan era algo satánico, diabólico”.

Pensar junto a Diana Maffía siempre es aprender. Esta vez no fue la excepción.

Fuente: http://www.laretaguardia.com.ar/2015/11/maffia-sobre-sacayan-era-una-luchadora.html

La Ley de Identidad de Género es un avance legal extraordinario

Comparto con ustedes la nota publicada ayer en el portal de Diario Rio Negro.

Diana Maffía: “La Ley es un avance extraordinario”

La doctora en Filosofía Diana Maffía estuvo a cargo de dos jornadas organizadas por la Oficina de la Mujer del Poder Judicial.

(Foto: Marcelo Ochoa)

(Foto: Marcelo Ochoa)

En el país aún cuesta que se instale la cuestión de género “desde lo más elemental que son los derechos de las mujeres hasta lo más complejo que es incluir la diversidad, identidad de género, orientaciones sexuales; así como los derechos de conformación de los cuerpos en función de esas identidades Todo esto cuesta”. Lo aseguró la doctora en Filosofía Diana Maffía quien estuvo a cargo de dos jornadas de trabajo sobre “Género, derechos y construcción de ciudadanía” organizadas por la Oficina de la Mujer del Poder Judicial, a través de la Escuela de Capacitación y junto con el Colegio de abogados de Viedma.

La profesional destacó los avances alcanzados en lo social cultural como el matrimonio igualitario que llegó en un momento de madurez social en el que ya eran aceptadas parejas que convivían y “no legitimarlas era una cosa arbitraria. La sensación era de un trato desigual e injusto que una pareja de gays o lesbianas sólo por no ser heterosexual no se reconociera su derecho”.

Tras subrayar que la Ley de Identidad de Género “es un avance legal extraordinario” consideró que los alcances de esa norma “la mejor del mundo que avanza sobre derechos que se están procurando a nivel internacional pero sobre la que hay que trabajar mucho en sus consecuencias prácticas como en los aspectos en los que obliga no sólo a entregar un documento o modificar un acta de nacimiento que es lo más formal para el Estado aunque sustancial para la persona sino en los cambios que se tienen que dar en los hospitales públicos para acceder a las intervenciones necesarias que garantiza la Ley, así como en los procesos de hormonación”

Agregó que “el Estado debe dar los recursos que todavía no dio” para la implementación de esta norma sancionada en 2012, reglamentada en mayo pasado con el acceso a la salud pero que no se incluyó en el presupuesto que se acaba de enviar al Congreso. Estimó que “con buena suerte en 2017 se empezará a financiar ese acceso a la salud con lo cual el cambio legal no fue acompañado de una voluntad política tan amplia como la Ley lo dice”.

En Río Negro los hospitales desconocen los términos de esa norma a pesar de haber adherido a esa Ley, según el reclamo de entidades que agrupan a travestis y transexuales.

En este sentido Maffía consideró injusto ese desconocimiento ante un marco de derechos humanos que debe garantizar las intervenciones aunque admitió falta de preparación del personal, espacios institucionales en el hospital, quirófanos disponibles, procesos de entrenamiento en los sistemas de hormonación y recursos médicos. “Ahí está la voluntad política de que realmente se trasformen en un derecho y no solamente en un enunciado”, dijo.

Femicidios.

Sobre el aumento de hechos de violencia de género que cada vez con más frecuencia terminan en femicidios, la profesional los atribuyó a que “está muy generalizado el hecho que la mujer es una propiedad del varón. Entonces la idea que pueda ser autónoma querer separarse, irse de su casa, tener otra pareja es insoportable para alguien que la cree algo de su propiedad. Los femicidios tienen que ver con esas relaciones de poder, de apropiación y muchas veces, la Justicia no está a la altura de interpretar esa vulnerabilidad de las mujeres, de intervenir e incluso el Ejecutivo de garantizar las medidas judiciales cuando se ordena una exclusión del hogar al hombre violento o se establece un cerco perimetral para que supuestamente no se pueda acercar a la mujer e hijos que es trasgredido y no hay nadie vigilando.

En esa indefensión muchas veces vuelven con el agresor y en la Justicia es muy irritante que la mujer denuncie y después no persista pero eso implica también una disposición económica que a veces no tienen, además de tiempo y las estructuras judiciales que implican que víctima y denunciado se encuentren en la misma sala de espera. Todo eso hace que esas mujeres sientan la indefensión de que el sistema judicial no está respondiendo de una manera que las proteja”. Maffía subrayó también que no hay sistemas de subsidios o viviendas que permitan garantizar que estas mujeres cuando quieren liberarse de una situación violenta “tenga al Estado respaldando, manteniendo la escolaridad de sus hijos, su posibilidad de trabajo y sobrevida por fuera de lo que pueda aportar el hombre violento. Es muy difícil si no hay un compromiso de todos los poderes”.

En este aspecto destacó el marco de convenio interpoderes en Río Negro firmado, entre otros, por la Oficina de la Mujer del Poder Judicial que implica que el Ejecutivo, Legislativo y Judicial trabajarán en red para reafirmar derechos.

Fuente: http://www.rionegro.com.ar/diario/diana-maffia-la-ley-es-un-avance-extraordinario-7983817-60621-nota_costa.aspx